La exposición de acuarelas Palmas del Caribe del artista cubano José Antonio Choy en Quinta Dominica muestra las palmas caribeñas como símbolo cultural y emocional. La obra, atravesada por memoria, identidad y paisaje, trasciende la representación para convertirse en evocación íntima, donde naturaleza, historia y poética visual dialogan desde una mirada arquitectónica y sensible.

La exposición “Palmas del Caribe”, del arquitecto y acuarelista José Antonio Choy, fue presentada en el Centro Cultural de Quinta Dominica del 11 de marzo al 12 de abril del presente año. Compuesta por veintitrés acuarelas de distinto formato, “Palmas del Caribe” es un estudio artístico de las palmeras del Caribe y los paisajes que las acompañan. Es una inspiración que nace del libro sobre palmeras de Eladio Fernández y de la pasión del artista por el Caribe y su amada Cuba.

Palmas que se convierten en lenguaje, añoranzas y testimonios resilientes de la humanidad, y que, erguidas, representan la esperanza y la eternidad, en imágenes atemporales que evocan nuestra cultura, desde montañas habitadas por pueblos originarios hasta los paisajes que transitamos hoy en día.
José Antonio Choy juega con maestría planos que se superponen, sombras que trascienden, neblinas que nos embargan, mensajes escondidos y memoria oriental, con las palmeras como protagonistas de una historia íntima y personal. En su trayectoria conjuga una impronta cultural de dos orígenes —padre chino y madre cubana—, lo que marca su obra y su vida.

Una poética del Caribe
En el catálogo de la exposición, Rosa Julián y Emilio Olivo presentan Palmas del Caribe como un homenaje a la riqueza natural del Caribe, donde las palmas —muchas de ellas endémicas— se convierten en eje de una exploración artística inspirada en el libro Palmas de La Española. Destacan la diversidad botánica y su traducción en obra, subrayando cómo Choy reinterpreta especies específicas desde una sensibilidad que vincula naturaleza, identidad y territorio.
Por su parte, Tomás Sánchez define la obra de Choy como una evocación íntima que rehúye la representación literal para situarse en el terreno de la memoria y el sentimiento. Señala que el artista no pinta lo que ve, sino lo que ha interiorizado, construyendo paisajes esenciales donde la palma se convierte en signo y el trazo, deliberadamente contenido, responde a una decisión poética que transforma el paisaje en experiencia interior.

Mientras Eddy Guzmán, aborda la exposición desde su dimensión simbólica y cultural, interpretando las palmas como metáforas de resistencia, espiritualidad y aspiración colectiva. Vincula estas formas naturales con la cosmovisión taína y con las tensiones históricas del Caribe, planteando la obra de Choy como una reflexión sobre la libertad, la identidad y la necesidad de preservar tanto la biodiversidad como las memorias culturales que la acompañan.
José Antonio Choy
(Santiago de Cuba, 1949). Estudió pintura en la Escuela de Artes Plásticas José Joaquín Tejada, en Santiago de Cuba, y luego arquitectura en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de La Habana. Su labor como artista debe concebirse integralmente, donde se conjugan dos culturas y dos procesos creativos: la arquitectura y el dibujo. Sus obras han sido distinguidas con importantes premios, entre los que se destacan el Premio de la Bienal del Caribe, Santo Domingo 1990; el Premio Bienal del Caribe, Camagüey 1996; y su condición de obra finalista en 1998 del Premio Mies van der Rohe para América Latina, entre otros.


