Bravo Churchill

El nuevo supermercado se levanta como un edificio “sin pretensiones de arquitectura estética”; sin embargo, ofrece un gran aporte a la percepción visual de una importante arteria comercial de nuestra ciudad, así como espacios interiores de gran calidad y comodidad para los usuarios.

Junto a la edificación donde hasta hace unos meses operaba el supermercado Bravo, sucursal Churchill, se levanta hoy un nuevo punto de venta en un edificio de esquina que toma como referencia la sucursal Enriquillo, presente en Santo Domingo desde el año 2007 (ver Arquitexto 59).

El proyecto surge como parte de un planteamiento general del solar comprendido entre las calles Heriberto Núñez y Ángel Severo Cabral, proyecto que posteriormente resultó ser muy ambicioso para la empresa, por lo que se decidió desarrollar la nueva edificación en la porción de solar que tenían disponible en la intersección de la avenida Winston Churchill y la calle Heriberto Núñez, y cuya construcción no afectaría el funcionamiento de la sucursal existente.

Se proyecta una edificación de esquina “sin pretensiones de arquitectura estética” y con un importante predominio de la operación-función sobre la forma-estética. Sin embargo, la formulación del proyecto logra abrir el edificio a la ciudad con un gesto de acercamiento a la calle y de bienvenida al usuario-peatón, en la esquina donde se genera una especie de plazoleta que es parte de la edificación misma. Este aporte crea la esquina y le confiere un aspecto visualmente comercial que antes no tenía; esto contribuye al desarrollo de comercios de escala importante hacia el norte de esta arteria comercial.

Estéticamente, en este punto de venta se inicia el desarrollo público de la nueva línea gráfica de la empresa. Desde la distancia se puede percibir el gran logo de la b en blanco y rojo, que se funde con el resto de los elementos de la fachada frontal, la cual parece extenderse un nivel más en altura por las estructuras metálicas que se erigen.

A diferencia de su predecesor, “el Bravo de la Enriquillo”, donde la escala se manejó a nivel “del barrio”, en esta sucursal se trabajó a escala “de la ciudad”, con una entidad completamente nueva, de presencia digna y de imagen contemporánea, fresca y moderna.

El edificio tiene una extensión de aproximadamente 14,000 metros cuadrados, con un programa de áreas que abarca cuatro niveles: dos niveles soterrados para albergar 250 estacionamientos; uno a nivel de la calle para el área de tienda propiamente dicha, y un nivel adicional destinado a la preparación y almacenamiento de productos.

En el mezzanine de la zona comercial se encuentra una amplia área destinada al pet shop, baños y oficinas administrativas generales. Entre el nivel comercial y este mezzanine existe la posibilidad de comunicación vertical por medio de una escalera y de un ascensor que ha sido integrado como facilidad para personas con discapacidad.

Estructuralmente, el edificio fue construido con sistemas prefabricados en sitio y con espacios libres entre columnas de hasta 14 metros. Es un edificio totalmente aislado, forrado con poliuretano de 4 pulgadas, lo que permite un excelente aislamiento acústico y térmico. En este sentido, en la edificación completa se logró reducir en casi un 50 % la demanda de refrigeración, gracias al aislamiento que aporta este material en todas las paredes del proyecto.

Operativamente, el acceso vertical desde los sótanos de estacionamientos se logra a través de rampas mecánicas que se desarrollan paralelas a la avenida Winston Churchill y bajo el mismo concepto —aunque mejorado— del proyecto anterior. A través de estas rampas se llega a la plazoleta frontal y al acceso principal del local.

Ya en el interior, la percepción de amplitud y orden destaca en el espacio. Al introducirse algunas variantes en la distribución espacial de esta sucursal, se produjeron cambios en el flujo de los usuarios. Por ejemplo, el área de delicatessen brinda un espacio más amplio de selección y espera, y se ha incluido un área de cafetería con mesas altas que permiten una cómoda permanencia de los usuarios.

La distribución de las góndolas, neveras de exhibición y demás equipamientos permite una circulación fácil y ágil en el interior, así como una óptima exhibición de los productos, lo cual se resalta con un trabajo de iluminación cuidadosamente estudiado, utilizando lámparas de iluminación general lineal y rieles con focos dirigibles apuntando hacia los productos.

La presencia de elementos gráficos alusivos al contexto tiene gran importancia, e incluso han sido integrados al diseño de las lámparas gigantes de forma circular que aparecen en algunas áreas. De igual manera, forman parte de la composición de las paredes, como en el área de verduras y frutas.

Las áreas de apoyo, carga, descarga y almacenaje funcionan en la parte posterior del edificio, sobre la calle Virgilio Díaz Ordóñez. Los equipos de refrigeración fueron distribuidos en los techos y el sótano, siguiendo una línea vertical que los comunica.

Con este nuevo edificio, que continúa la plástica contemporánea iniciada años atrás por sus autores, el supermercado Bravo, sucursal Churchill, realiza su aporte a la imagen comercial de una importante arteria de nuestra ciudad y ofrece espacios interiores de gran calidad y comodidad —operativa y visual— para los usuarios.

  • Planta arquitectónica
  • Elevación frontal Av. Winston Churchill
  • Sección 1
  • Sección 2

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