La confusa bendecida

La villa que diseñó para sí mismo constituye la síntesis más clara del pensamiento arquitectónico de Oscar Imbert. Más que una residencia, funciona como manifiesto construido de su interpretación trópico-caribeña de la arquitectura. Implantada en Punta Cana, la casa se concibe desde variables esenciales: el sitio, la dirección de la brisa y el recorrido del sol. El uso protagónico de la cana en cubiertas, junto con materiales del lugar y sistemas artesanales, reafirma una arquitectura que recoge lo que ofrece la tierra. Sin adscribirse a un estilo rígido, la obra integra paisaje, estructura y tradición, es una pieza icónica del imaginario turístico dominicano contemporáneo. Imbert fue homenajeado por su trayectoria en la Décima Bienal de Arquitectura de Santo Domingo 2010.

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