Biblioteca de la imagen dominicana: las postales de Miguel D. Mena

La colección Biblioteca de la Imagen Dominicana, de Ediciones Cielonaranja, recupera la memoria visual de los espacios del país dominicano en sus cinco siglos de historia a través de cinco volúmenes. En el primer volumen, Imagen insular de Santo Domingo (en preparación), se presentarán las imágenes de la época colonial insular, desde el siglo XVI hasta el XIX. Los volúmenes restantes comprenden una colección de postales dominicanas: Postales antiguas de Santo Domingo (siglos XVI-XIX), Postales de ciudades dominicanas del siglo XX, Postales desde Ciudad Trujillo (1930-1961), Postales de la catedral de Santo Domingo, y Postales dominicanas (1960-1980). Miguel D. Mena, editor, introduce la historia de la fotografía, las tarjetas postales y su importancia en la República Dominicana en el segundo volumen. Las postales surgieron en la República Dominicana en tiempos de globalización, ampliación de mercados, desarrollos de la industria de la impresión y la comunicación. El correo dominicano, formalizado en 1865, introduce las primeras postales impresas en tiempos de Ulises Heureaux (1889-1899), con el franqueo incluido.

Historia de las tarjetas postales

Las tarjetas postales aparecieron en la segunda mitad del siglo XIX, ligadas íntimamente al correo. Su forma es rectangular y las dimensiones (14 x 9 cms) estaban regularizadas por la Unión Postal Universal (UPU). Tenían una tarifa postal fija, regularmente la mitad de lo que costaría enviar una carta regular. Se diseñó para estimular el negocio del correo y promover las comunicaciones breves. 

Entre sus antecedentes podemos encontrar las tarjetas de visitas pictóricas, papeles de escribir, las tarjetas de presentación del siglo XVIII y la locura del coleccionismo de la segunda mitad del Siglo XIX.

John P. Charlton, un impresor de Filadelfia, Estados Unidos, inscribió en 1861, la primera patente de una tarjeta postal privada. Se le conocía como la tarjeta postal de Lipman’s. También en 1861, William Henry Jackson, artista y fotógrafo itinerante, pintaba escenas de los campos de batalla de la Guerra Civil para escribirle a su familia. Ambas versiones de estas primeras tarjetas postales pagaban la tarifa completa del envío.

El 11 de octubre de 1869, se inició en Austria la emisión de las primeras tarjetas postales oficiales. En sus inicios  eran cartulinas de colores café claro, diseñadas solamente para escribir, aunque pronto empezaron a llevar imágenes. 

La conveniencia de este sistema de correspondencia había sido sugerido por el oficial postal alemán Heinrich von Stephan en 1865, y, aunque fue rechazada, otros países europeos lo consideraron. Se le atribuye la aplicación formal de la tarjeta postal al austriaco Hermann, catedrático en la Academia Militar de Wiener-Neustadt. En una cara de la tarjeta se imprimía el emblema de Austria, una estampilla pre impresa en la parte superior derecha y tres líneas centradas para la dirección. El reverso, en blanco, estaba destinado al mensaje.

La idea tuvo gran éxito y para 1872 ya habían adoptado con grandes ventas la naciente tarjeta postal, en la mayoría de los países de Europa y América. Sin embargo, solamente a partir del año 1875, al firmarse un tratado postal entre los países de la unión postal, es que la tarifa económica incluye envíos a otros países.

Las tarjetas postales con ilustraciones y propagandas comerciales empezaron a ganar popularidad, pero con tarifas regulares. En 1872 editores privados obtuvieron el permiso para producir estas postales ilustradas con los sellos oficiales pre impresos.

El crédito de las primeras tarjetas postales basadas en fotografías se distribuye, entre León Bérnardeau, francés, y A. Schwartz, austríaco.

Unas pequeñas imágenes compartían el limitado espacio con la dirección y la estampilla, reservando el reverso para el mensaje. Muchos editores decidieron, audazmente, imprimir la imagen cubriendo totalmente la cara reservada al mensaje. Si la persona deseaba enviar un mensaje no tenía más remedio que escribir sobre la imagen.

Fotografías reales se utilizaron para las tarjetas postales desde el 1890. La monotonía dio paso al color, producido por fototipia, cromolitografía, fotograbado o litografías, basadas en fotografías reales.

En 1905, la UPU establece que el anverso de la tarjeta postal se debe de dividir en dos partes. La izquierda para escribir la comunicación y la derecha para el nombre y la dirección del destinatario, pasando la ilustración a ocupar toda la cara principal. Esta modificación permite que la postal viva años de prosperidad, convirtiéndose en el medio de comunicación más popular del mundo.

La utilización de verdaderas fotografías se potencializó cuando George Eastman introdujo las cámaras portátiles previamente cargadas. El cliente podía elegir entre pequeñas impresiones o tarjetas postales con fotografías reales en color sepia.

En 1920 Kodak ofrecía papel fotográfico preparado para imprimir los negativos como tarjetas postales, La cámara #3A Folding Pocket Kodak, venía preparada especialmente para hacer tarjetas postales. Muchos otros fabricantes ofrecieron también ofrecer el formato postal. Todos estos productos accesibles a los profesionales y amateurs. No es de extrañar encontrar en colecciones familiares muchas tarjetas postales únicas, personalizadas, siguiendo esta tendencia hasta la primera mitad del siglo XX.

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