Flores para Luis

Fotos: Colección de Gabriela Flores

Luis Flores es una figura reconocida en el quehacer de la arquitectura de la República Dominicana y el Caribe. Su presencia profesional y humana trascendió el tiempo y el espacio. Lazos de hermandad lo unieron con sus congéneres; admiración y respeto suscita en las generaciones que le siguen. Flores, como muchos lo conocieron, fue un intelectual preocupado por la cultura y la identidad puertorriqueña y caribeña, un optimista contagioso, de personalidad singular y gusto exigente.

En los años ochenta y noventa vino a menudo a nuestro país, donde participó en talleres universitarios, bienales de arquitectura y en los Encuentros de Arquitectura y Urbanismo de las Antillas. Formó parte de “una red de amigos interesados en mejorar la ciudad, en hacer buena arquitectura y en divulgar que, si el sur también existe, el centro, este ‘archipiélago de azúcar y de alcohol’, existe también por sí mismo” (Omar Rancier, Link).

Luis Flores pertenece a la generación de arquitectos puertoriqueños que se formaron en Estados Unidos a principios de los años sesenta, cuando en Puerto Rico no existía la carrera; se graduó en la Tulane University de Nueva Orleans. Entre 1967 y 1970 fue director de la Oficina de Conservación Histórica del Instituto de Cultura Puertorriqueña, desde donde realizó grandes aportes, común denominador de todo lugar por el que pasó. Su práctica privada comenzó en 1972; en 1978 formó la oficina Luis Flores y Torres, Beauchamp, Marvel, más tarde pasó a ser Marvel, Flores, Cobián, y en 1997 la firma tomó el nombre de Luis Flores Arquitectos. Su trabajo como presidente del Colegio de Arquitectos en los años 1985 y 1986 selló su compromiso y entrega al oficio y a la arquitectura puertorriqueña.

Desde la academia expresó su preocupación por la identidad de la arquitectura puertorriqueña y motivó a sus estudiantes a pensar la arquitectura con A mayúscula, al referirse al oficio como ente transformador de los espacios de la gente y las ciudades. Fuera de las aulas, su taller de diseño fue escuela de formación dinámica para diferentes generaciones de arquitectos (entrevista a Emilio Martínez y Magdiel Rodríguez, Link).

En 1993, la sección de Puerto Rico del American Institute of Architects (AIA), institución de la cual fue presidente en 1983, lo reconoció con la distinción de fellow. En el año 2004 recibió el Premio Henry Klumb, la más alta distinción que otorga el Colegio de Arquitectos y Arquitectos Paisajistas de Puerto Rico (CAAPPR), por sus aportes a la arquitectura de Puerto Rico, y en el 2009 se editó la monografía Luis Flores, arquitecto.

Flores tuvo una amplia práctica de encargos públicos y privados a diferentes escalas de diseño, desde lo urbano hasta diseño de interiores y mobiliario. Desde sus inicios, sus obras se destacan por una atracción por los elementos de la arquitectura vernácula, que reinterpreta logrando incorporar este vocabulario tropical caribeño de una manera innovadora. Sus trabajos siempre tienen la visión urbana de dialogar con el contexto y privilegiar al peatón sobre el automóvil. Enamorado de la naturaleza, Flores entendió el paisaje como parte intrínseca del proyecto. Esta pasión por la naturaleza queda expresada en casi todos sus proyectos.

Flores buscaba referencias y se convirtió en referencia. En julio del 2013 trascendió a otro plano. Según expresó en abril del 2011, siempre tuvo una visión optimista del futuro de la arquitectura puertorriqueña y caribeña: “Hay muchos arquitectos jóvenes haciendo grandes cosas”. Dejó amigos entrañables que siempre lo recordaremos con alegría, no solo por sus aportes a la arquitectura y al urbanismo de nuestra región, sino también por su singular personalidad capaz de contagiar la pasión por el oficio que desempeñó magistralmente en cada instante de su vida.

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