Postales del espacio de Machu Picchu y el Valle Sagrado

Donde se cultivó la riqueza inca

El trayecto a través del Valle Sagrado hasta Machu Picchu, Patrimonio de la Humanidad y una de las siete nuevas maravillas del mundo, constituye una escuela para aprender sobre el estilo de vida del Imperio inca y su impresionante arquitectura caracterizada por el sofisticado uso de la piedra. Poblados, ciudadelas, valles y montañas sirven como el mejor preámbulo del emblema de la arquitectura precolombina de Perú y del mundo.

Desde Cusco, capital inca bautizada por sus fundadores como «ombligo del mundo», puede parecer difícil llegar hasta Machu Picchu, situado a 2,600 metros sobre el nivel del mar. Esperan al viajero el misterio que envuelve estas ruinas precolombinas y la sensación de inmortalidad que irradia de su arquitectura.

El recorrido en bus permite conocer la vida del Valle Sagrado, uno de los lugares más productivos y mejor localizados del Imperio inca, donde se cultivan las más de 20 especies de maíz que se disfrutan en Perú. Una muestra de la cultura del Imperio inca se puede observar en la Awanakancha. Allí visitamos un criadero de camélidos de la región (llama, alpaca, vicuña).

En la Awanakancha también se levanta una modesta villa inca con un mercado donde unas damas vestidas con pintorescos trajes típicos.

La ciudadela Pisac, que cuenta con uno de los complejos de andenes más importantes del valle. Entre los edificios coloniales se levantan decenas de puestos de artesanía de carácter espontáneo y efímero que venden una innumerable variedad de productos. El recorrido hasta Ollantaytambo muestra la solemnidad del valle. Esta es una de las ciudades más monumentales del Imperio inca y la única aún habitada.

Esta ciudadela que conserva los aires precolombinos es un típico ejemplo de la planificación urbana y la cultura inca.

El Inca Rail panorámico, que nos lleva a Aguas Calientes, puerta de Machu Picchu. Ya a bordo observamos el paisaje majestuoso de la cordillera de los Andes, incluyendo algunos de sus picos nevados y el río Urubamba.

Llegar a la estación de Aguas Calientes te hace sentir que acabas de arribar a una gran metrópoli. La razón: en Aguas Calientes convergen todos los visitantes que intentan llegar a Machu Picchu.

Aguas Calientes solo puede recorrerse a pie. Sus calles con fuertes pendientes y edificaciones a medio terminar en una zona de deslizamientos que nos recuerdan las barriadas del Gran Santo Domingo.

Al día siguiente, y luego de 25 minutos en autobús. Machu Picchu se nos revela bien temprano. En efecto, se ve tan mágica como en las postales y, a pesar de las explicaciones, es casi imposible entender cómo pudo erigirse una infraestructura de semejante envergadura en aquel lugar.

Las ruinas de Machu Picchu fueron descubiertas al resto del mundo por el estadounidense Hiram Bingham en el año 1911. Desde el año 1983 se encuentra en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco y está considerada, además, una de las siete nuevas maravillas del mundo.

Terminar en Machu Picchu, luego de conocer todo lo que le antecede, nos deja convencidos de que esta ciudad escondida en esa montaña aislada fue apenas una pieza del complejo engranaje que erigió el gran Imperio inca y que se expandió por toda la región andina.

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