La restauración de Villa Hena o la Casa de las Raíces

Tras un cuidadoso proceso de conservación arquitectónica, Villa Hena, mejor conocida como la Casa de las Raíces, ha recuperado su esplendor. Fue construida en 1914 por el ingeniero Zoilo Hermógenes García para su residencia familiar en el tradicional sector de Gascue de Santo Domingo. La confección de las famosas raíces que la caracterizan y le aportan su singularidad es atribuida al artesano catalán José Domenech, según la estética del art noveau que se había desarrollado en Europa. Sin dudas, el inmueble restaurado representa un invaluable aporte al patrimonio arquitectónico dominicano.

La Casa de las Raíces es una de esas viviendas que agrandan el imaginario y hacen que distintas generaciones se apropien de su imagen, ya sea por curiosidad, por admiración o por vivencias apegadas al recuerdo. Se destaca su rareza dentro de todo un conjunto de inmuebles que responden a la primera mitad del siglo XX y bordean la gran manzana que ocupa el Palacio de Gobierno dominicano, donde antes estuvo la Receptoría General de Aduanas administrada por los Estados Unidos.

El nombre original Villa Hena corresponde a una de las hijas del propietario; el inmueble estuvo allí antes que el Palacio Nacional y ha sido testigo de muchos acontecimientos importantes de la historia local desde su construcción en 1914. Tres años antes se había ampliado el trillo frontal de la casa para dar paso a la avenida Dr. Delgado, una de las primeras obras viales de la expansión de la ciudad de Santo Domingo durante la presidencia de Ramón Cáceres.

Era la vivienda capitalina del ingeniero Zoilo Hermógenes García Peña (1881-1916), hijo homónimo de uno de los más ricos comerciantes de La Vega, quien pasó a la historia por su diseño y construcción de la aeronave Poliplano entre 1906 y 1911, en los inicios de la aviación. El inmueble ha servido de morada a varias generaciones luego de que García Peña falleciera en 1916 por motivos de salud, con apenas 34 años.

En la década de 1990 empezó a dársele un uso institucional, incluyendo, en los últimos años, oficinas gubernamentales. Los distintos usuarios modificaron el interior, eliminando elementos fundamentales de la distribución original. Se alteraron revestimientos, pisos, cielorrasos, baños y muros, además de construir anexos en la parte posterior. Sin embargo, la imagen exterior se mantuvo sin cambios profundos, aunque se realizaron modificaciones en los vanos y en el área de llegada, y se sustituyeron materiales por otros de baja calidad. Por fortuna se mantuvieron las columnas de la galería perimetral, que dan la identidad al inmueble.

Dado el carácter creativo y la vocación de originalidad de su primer propietario, Villa Hena fue un distintivo en el entorno residencial que se levanta justo en la frontera entre el sector La Generala y Gascue. Es evidente que hubo una decisión de hacer de esta vivienda un referente dentro de las propuestas estéticas de la época, utilizando el concepto de un bosque circundante que se adhería a las paredes del inmueble como si de un cuento infantil se tratase. En sus inicios, el propietario sembró varios árboles de buen tronco que, dispersados por el jardín, simulaban convertirse en raíces que escalaban la vivienda. Para lograrlo, García Peña utilizó técnicas constructivas de finales del siglo XIX desarrolladas en Europa con materiales que simulaban con la mayor fidelidad posible a la naturaleza. A pesar de que los datos no han sido confirmados, se atribuye a José Domenech, uno de los inmigrantes catalanes que se asentaron en Santo Domingo durante esa época, la ejecución de los elementos que simulan troncos y raíces de distintas especies, los cuales se convirtieron en la singularidad de la vivienda.

La extrañeza de las columnas frontales de Villa Hena ha provocado el surgimiento de muchas leyendas que han inquietado a más de una generación, un agregado simbólico que forma parte del valor cultural del inmueble. La técnica de simular raíces empleada en esa vivienda tuvo sus repeticiones en otros puntos de la ciudad. Enrique Penson señala que hubo otra vivienda muy parecida en otra zona de la ciudad que hoy ha desaparecido; en el Cementerio Municipal de la avenida Independencia se pueden encontrar varias tumbas decoradas con igual técnica. Dado que estas manifestaciones ligadas al naturalismo puesto en boga en algunas regiones europeas fueron perdiendo influencia justo después de la Primera Guerra Mundial, en la arquitectura local este recurso compositivo no tuvo mayor auge. Debido a esto, la Casa de las Raíces adquiere una condición de unicidad dentro del inventario patrimonial dominicano, sirve de referencia a épocas superadas, y su conservación es una obligación para las presentes generaciones.

Gracias a esta conciencia colectiva, los actuales propietarios decidieron intervenirla para rescatarla del avanzado deterioro en que se encontraba, en particular, la techumbre de planchas metálicas que la caracteriza. Lo que en principio fue una necesidad para corregir filtraciones en el techo y sustituir algún que otro elemento, se convirtió en un proyecto formal de restauración. Nuestra participación se inició como consultor para darle seguimiento a los que tendrían a cargo los trabajos. Sin embargo, debido a algunas observaciones que realizamos y a los requisitos planteados por los organismos ligados al patrimonio edificado, se consideró que asumiéramos el proyecto de restauración del inmueble. De esta forma actuamos a favor de rescatar el valor intrínseco del inmueble y, en la medida de lo posible, devolverle su dignidad con la elaboración de un minucioso proyecto de intervención con alto sentido de fidelidad histórica.

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