La 29 Bienal Nacional de Artes Visuales

Después de cuatro años de espera, la 29 Bienal Nacional de Artes Visuales es una realidad, con 286 obras seleccionadas y expuestas en el Museo de Arte Moderno. A pesar de las opiniones encontradas de artistas, gestores culturales y público en general en cuanto a su organización y contenido, la Bienal mantiene la importancia de visibilizar el acontecer de las artes visuales en el país y sigue siendo la gran plataforma para que los artistas se den a conocer. Propiciar el diálogo sobre la situación de las artes visuales dominicanas, respetar la opinión de los artistas y consolidar un órgano permanente para su organización en el futuro se vislumbran como tareas pendientes.

Desde hace más de cuatro años, mucho se ha escrito sobre la celebración de la 29 Bienal Nacional de Artes Visuales (BNAV). Se debió celebrar en el 2017, sin embargo, por múltiples razones que todos conocemos, se presentaron los seleccionados en abril del 2021 y se abrió al público en junio del 2021 (sin inaugurarse formalmente hasta mediados de agosto con la entrega de premios). Los resultados de una encuesta pública y testimonios de artistas y gestores culturales se incluyeron en una carta pública fechada en junio y dirigida a los directivos del Ministerio de Cultura, del Colegio Dominicano de Artistas Plásticos (CODAP), del Museo de Arte Moderno y de la Galería Nacional de Bellas Artes para visibilizar el deficiente proceso de organización de la 29 BNAV. Estos planteamientos fueron rechazados por el Ministerio de Cultura.

Es cierto que ha faltado comunicación con los artistas, a pesar de los esfuerzos extraordinarios del personal administrativo del Museo de Arte Moderno. Hay artistas seleccionados, los que no necesitaron instalar o buscar soluciones para exponer sus piezas, que a principios de agosto todavía no habían recibido una comunicación oficial para ver sus obras.

Las quejas sobre bienales y concursos no son fenómenos aislados. En 1968, Ada Balcácer, Domingo Liz, Papo Peña Defilló, Gaspar Mario Cruz, Leopoldo Pérez, Félix Gontier y Thimo Pimentel crearon el Grupo Proyecta para protestar por la celebración del Concurso de Arte Eduardo León Jimenes. En el catálogo de la exposición Proyecta Uno (1968) expresaron lo siguiente: “El propósito de la presente manifestación colectiva es reafirmar la libertad del artista y su repudio sistemático a todo intento de subordinar el arte al comercio y a la propaganda. En consecuencia, defender la integridad de los medios de expresión de que disponemos ante la mala intención de una crítica inconsistente y sometida a intereses económicos y personalistas, que desvían la opinión pública deliberadamente, con fines egoístas y especuladores”.

GRAN PREMIO BIENAL. Aniova Prandy, The sugar Maafa.

En 1969, el escritor español y crítico de arte Manuel Valldeperes escribió en el periódico El Caribe acerca de la importancia de la necesidad de las bienales de arte. En ese momento, la última bienal se había celebrado en 1963. Hizo una observación sobre obras con estilos imitativos, como causa de que muchos artistas produzcan obras al margen de su tiempo y de su ambiente.

En 1992 Silvano Lora creó la Bienal Marginal, en el barrio Santa Bárbara de la Ciudad Colonial, como protesta y en paralelo a la celebración de la XVIII Bienal Nacional de Artes Visuales. En el 2020, en plena pandemia del covid-19, la página social de Facebook del Taller Público Silvano Lora, dirigido por su hija Quisqueya Lora, dice lo siguiente: “De los proyectos encabezados por Silvano Lora, el de la Bienal Marginal fue uno de los de mayor impacto y trascendencia. En vida del maestro se realizaron cinco ediciones de la bienal entre los años 1992 y 2000. La bienal se sustentaba en una reflexión crítica sobre el arte y su vinculación con los sectores marginados y empobrecidos. Silvano era un convencido de que la cultura no es un privilegio de la élite, rechazó la idea paternalista de ‘llevar la cultura al pueblo’, y defendió que los sectores populares también son productores de creación y cultura. Para la tercera edición Silvano escribía ‘Después de nuestros planteamientos críticos formulados en la I y II Bienal Marginal que señalaban el absolutismo conceptual del espacio museístico, las premiaciones y la selección de la obra de arte, de los jurados y del mercader de arte, nuevos debates han surgido en los escenarios críticos internacionales (no en nuestro país) sobre la construcción y la conducción de los museos modernos, sobre la enseñanza (o la orientación pedagógica del maestro) de las artes plásticas, el cuestionamiento de un nuevo protagonista, inventor de la obra de arte: el curador’”.

YÓ, ADÁN (POLÍPTICO)

En 1994, en la revista Plural del periódico Hoy, Ignacio Nova publicó el artículo “¿Permitiremos que muera la Bienal?”. El crítico empieza con una dramática afirmación: “La Bienal Nacional de Artes Visuales ha realizado su XIX entrega en un clima de franca decadencia”. Parecería que la Bienal está muriendo por alguna razón. El texto gira alrededor de la ausencia de algunos de los grandes maestros de las artes visuales dominicanas.

Genaro Reyes (Cayuco), Náufrago de nacimiento. Escultura

Podemos deducir, a partir de los pocos ejemplos presentados, que los concursos y bienales de artes visuales siempre han sido criticados tanto por los artistas como por los intelectuales y críticos de arte. Algunos críticos alegan que las bienales no son necesarias, y valoran un apoyo oficial para la celebración de grandes exposiciones colectivas de artistas jóvenes. Otros las defienden enérgicamente.

ARTISTAS EMERGENTES Y DE TRAYECTORIA

A pesar de todas las críticas y opiniones encontradas, la 29 Bienal Nacional de Artes Visuales es una realidad. Quizá por curiosidad para ver de qué se trata, el público en general está asistiendo y los jóvenes se muestran entusiasmados con muchas de las obras, especialmente con las instalaciones. Como en todos los concursos, sobre todo con más de 280 obras entre pinturas, fotografías, esculturas, instalaciones, videos, etc., siempre hay obras que maravillan y otras que decepcionan. Es necesario agendar varias visitas si se desea abarcar los cuatro niveles del museo, con una exposición de estudiantes de arquitectura (fuera de contexto) incluida en el primer nivel.

Valle de Juan Carlos Guzmán (premio)

La museografía de tantas obras en un espacio limitado es difícil. El director del Museo, el arquitecto Federico Fondeur, el museógrafo arquitecto Nelson Ceballos y la curadora Ana Agelán hicieron todo lo posible por distribuir las diferentes obras y ubicar las instalaciones, muchas con exigencias espaciales y de acceso a energía muy específicos. El primer nivel es el más holgado de todos. Las grandes obras tienen espacio suficiente para poder ser apreciadas. Los demás niveles están apretados. Algunos salones tienen mejor solución museográfica que otros y las múltiples entradas de luz no ayudan a las obras cercanas. Como siempre, por lo menos en la República Dominicana, la preferencia de la pintura es evidente, con 117 obras seleccionadas, le siguen 47 fotografías, 44 instalaciones, 24 dibujos, 21 videos, 16 esculturas, 12 obras gráficas, 4 cerámicas y 1 acción plástica (performance). Los jurados de selección Amable Sterling y Plinio Chahín, así como la puertorriqueña Irene Esteves, seleccionaron 286 obras de un total de 626, un 46 %. El arquitecto Omar Rancier, la doctora Paula Gómez y el artista visual Leopoldo Maler fueron elegidos para el jurado de premiación.

Premio. Elvin Díaz, Entre túneles y abismos.

El positivo editorial de Inés Aizpún del 21 de junio del 2021 en el periódico Diario Libre puede ser que iniciara el ambiente casi festivo que se siente los fines de semana en el museo. De manera improvisada han surgido visitas guiadas, reuniones de artistas, coleccionistas y críticos de arte. La exposición estará abierta hasta diciembre. Esperamos que el tiempo de espera sirva para mejorar las próximas ediciones de la bienal y que finalmente el Ministerio de Cultura forme de manera definitiva y por decreto la Comisión Permanente de las Bienales de Artes Visuales, un reclamo común de todos los sectores involucrados.

Carlos Despradel, Crónica de una historia mal contada. Cerámica

Myrna Guerrero Villalona, historiadora, crítica, artista visual, directora del Museo Bellapart, Santo Domingo
Loable esfuerzo de las autoridades del Ministerio de Cultura y del Museo de Arte Moderno que asumieron la conducción en agosto del 2020 para recuperar un proceso abortado a mitad de gestación cuando se inició la remodelación de tres instalaciones museísticas de la Plaza de la Cultura. Luego, la pandemia… Hoy nos encontramos con una bienal desfasada en la que pocas obras excepcionales se contaminan visualmente entre tanta mediocridad. Artistas conocidos que no se arriesgaron a salir de su estado de confort y muchos artistas emergentes que se complacen en recrear a los maestros de nuestra modernidad, sin innovaciones, olvidando que estamos en el siglo XXI. Bases violentadas, explosiones cromáticas que nos trasladaron a los años 80, instalaciones y vídeos muy pobres, esculturas y fotografías de poca presencia, junto con algunas obras que te quitan el aliento y te invitan a disfrutarlas tranquilamente. La bienal es el reflejo de una realidad y debe servir para motivar reflexiones profundas en torno a nuestra educación artística y el rol del arte y de los artistas.

Josefina Pichardo Casasnovas, coordinadora del Museo Casa de Madera, La Romana
Una esplendida muestra del arte dominicano que devuelve las esperanzas al sector, con cerca de 280 obras instaladas en cuatro pisos de las salas expositivas del museo. En el recorrido encontramos diferentes temas que nos permiten reflexionar y contemplar la expresión de nuestros artistas sobre la realidad que nos enmarca como sociedad. Podemos identificar una importante identidad de un nuevo arte contemporáneo, que se está desarrollando en nuestro país, al cual este evento abre sus puertas, dándole la oportunidad de compartir con el público sus trabajos recientes que no dejan ser actuales, aunque sabemos que la apertura no fue en la fecha pautada.

Mayra Johnson Deprat, fotógrafa, gestora cultural, director de la fundación Imagen 83
Visité la Bienal Nacional de Artes Visuales en el MAM y quedé con un vacío. No soy experta en el tema, es más, estoy lejos de serlo, pero hubiera dejado vacíos dos de los cuatro pisos que conforman las salas del MAM. Obras de pobre realización y ausencia de artistas consagrados. Me hizo falta ver a Quisqueya Henríquez, a Jorge, a Iris Pérez, a Pascal, a Raquel, entre muchos. Instalaciones puestas en escena sin la calidad que amerita un evento de esta magnitud, pinturas, esculturas e incluso fotografías que no llenaron mis expectativas, ni en calidad de realización ni en la temática, aunque me alegró ver el número de participación de esta última como medio de expresión.

Inés Aizpún, periodista, directora de Diario Libre
Con unos años de retraso… llegó la Bienal de Artes Visuales. La acoge un Museo de Arte Moderno en excelentes condiciones; hacía años que la institución no tenía los fondos ni el apoyo para que pudiera servir de marco al encuentro que los artistas dominicanos esperan. Los han aprovechado: el Museo, por fuera y por dentro, luce magnífico. Y la Bienal no decepciona. Un retraso de dos o tres años no afecta su calidad: ¿qué obra de arte no resiste ese tiempo? Hay de todo y para todos. En una bienal caben obras que nadie entiende, otras que pocos elegirían y también admite una dosis de espectáculo porque los artistas lo ofrecen y el mundo del arte lo necesita. En esta Bienal conviven artistas consagrados, estudiantes que empiezan, generaciones intermedias que se asientan. Algunos de los que comenzaron en el Concurso de Arte Contemporáneo de Diario Libre se codean ya en los espacios del Museo con los veteranos. Puede usted elegir su obra preferida; dudará. Me quedo con las esculturas de hierro de Remberto Rondón. Impresionante su La cordura y la demencia y la desgarradora Cariátides del trópico. Unos hierros retorcidos que en sus manos se convierten en un impactante retrato, una denuncia de la pobreza no exenta de heroísmo. Y con el gran formato de Ramón Calcaño, No importa de dónde vienes sino hacia dónde vas. Todo un universo masificado del que trata de escapar un joven que reta al futuro. Solo. De Leonardo Durán el políptico Yo, Adán. Es una de esas obras de las que los críticos dicen “qué pieza tan interesante” y los que no somos especialistas pensamos “¡Guau, qué hermoso! Me lo llevaría a casa”. Se hizo esperar, pero es una Bienal que hay que visitar para saber en qué trabajan los artistas dominicanos hoy.

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