Arte inmersivo: ¿arte o espectáculo?

Tras dos años de pandemia, cuatro exposiciones dan muestra del despertar de las actividades relacionas con el arte visual dominicano: Amaya, Espacio, Color y Luz, de Amaya Salazar, y Notas Sueltas para Contar, de José Cestero, en el Museo de Arte Moderno; Los Estados de la Luz, de Orlando Menicucci, en la Galería de Bellas Artes, y Mundos, los Tránsitos, de Fernando Varela en el Centro León. En unas más que en otras, el guion museográfico se libera para brindar al visitante una experiencia de arte inmersivo, una tendencia que conjuga creatividad y tecnología.

La reapertura tras la pandemia del COVID-19 y el inicio del año 2022 han coincidido con un renacer de las artes visuales dominicanas. Ambiciosas exposiciones que incluyen a muchos artistas, curadores, críticos de arte, museógrafos, coleccionistas y galeristas han logrado un balance positivo, con montajes atractivos y una asistencia masiva de un público ansioso por socializar sin restricciones. El Museo de Arte Moderno presenta dos exposiciones muy vistosas: Amaya, Espacio, Color y Luz, de Amaya Salazar, y Notas Sueltas para Contar, de José Cestero. En la Galería Nacional de Bellas Artes se presentó Los Estados de la Luz, de Orlando Menicucci, ganador del Premio Nacional de Artes Visuales 2021 y artista a quien se le dedicó la 29 Bienal Nacional de Artes Visuales, una retrospectiva que debió coincidir con la Bienal. En el Centro León se presentó Mundos, los Tránsitos, de Fernando Varela, en el programa Grandes Maestros del Arte Dominicano que auspicia la Fundación Eduardo León Jimenes y el Centro León.

Al visitar varias veces estas exposiciones se destaca, en casi todas, un cuidado en la puesta en escena. El guión museográfico se libera de los convencionalismos del siglo XX e integra objetos, interpretaciones digitales de las obras o cambios en los espacios para que el visitante tenga un acercamiento más personal, más didáctico, menos intimidante, en fin, una experiencia inmersiva. El éxito de las grandes y extravagantes producciones internacionales sobre la vida y obra de artistas como Van Gogh, Claude Monet o Frida Kahlo ha motivado a los centros culturales y museos a repensar sus ofertas y a reconsiderar la manera en que se consume el arte y la cultura.

El concepto de arte inmersivo, arte envolvente o arte interactivo no es nuevo, ya que desde la prehistoria los creadores han involucrado su entorno físico en sus obras. Las pictografías y petroglifos que realizaron los aborígenes del Caribe en grandes rocas y paredes de cuevas aprovecharon las texturas y relieves para resaltar los conjuntos más importantes. Sin embargo, estas nuevas experiencias sumergen al espectador dentro de la obra y lo hacen participar de ella con sus cinco sentidos.

Algunos críticos consideran que estos espectáculos son banales, intelectualmente vacíos, sin una línea curatorial o un objetivo educativo. En mi caso, al salir del Van Gogh – The Immersive Experience en Nueva York, nos trasladamos al Museo de Arte Moderno y al Met Museum a examinar de nuevo La noche estrellada y otras obras de Van Gogh. No todo el mundo tendrá la misma iniciativa después de una sobredosis visual, sin embargo, ambas pueden coexistir y alimentarse mutuamente. No encontré ninguna diferencia con la extravagante exposición Cosmic Nature de Yayoi Kusama del jardín botánico del Bronx, que se fundamenta en ofrecer una experiencia multisensorial al espectador.

En la República Dominicana, la mayoría de los museos y centros culturales del sector público y privado aún se encuentran rezagados en cuanto a estas tecnologías digitales e interactivas. Los limitados presupuestos no permiten grandes gastos, la adaptación de espacios tradicionales y la introducción de nuevos elementos museográficos son costosas. El Centro León y el Museo de las Atarazanas Reales son unos de los pocos centros que integran tecnología e interacción en sus exposiciones permanentes o temporales.

Como ejemplo se pueden citar unos pocos artistas que han hecho uso de la tecnología: Lidia León, Latitudes y longitudes (Photoimagen 2014), una obra con imágenes en movimiento proyectadas en las cuatro paredes de un cubículo cerrado; Luis Arias, Ciber city (2013) y Experiencia cromática (2018), obras inmersivas llenas de luces y objetos con las que fue ganador, en ambos casos, del premio del público de la Bienal Nacional de Artes Visuales; Elvin Díaz, Entre túneles y abismos, obra ganadora y favorita del público en la 29 BNAV; y Raúl Morilla, Agonía de la memoria, obra premiada en el 28 Concurso de Arte Eduardo León Jimenes, que integró proyecciones digitales, aire a presión y otros elementos que involucran el abandonado Hotel Mercedes con el público de la ciudad de Santiago.

Amaya, Espacio, Color y Luz

En la exposición de Amaya Salazar, en el segundo nivel del Museo de Arte Moderno, encontramos una arriesgada museografía, audaz y atractiva, con elementos museográficos coloridos, divertidos y juguetones que atraen de inmediato e invitan al recorrido de un jardín escultórico. Los estudiantes y visitantes de todas las edades la recorren con entusiasmo.

Curada por Bingene Armenteros, la exposición muestra una artista optimista, libre, segura, que representa sus temas usuales como la familia, la mujer, la maternidad y la naturaleza. La forma y el color se muestran en todas sus dimensiones.

Notas Sueltas para Contar

Hay exposiciones de arte que son deudas, y la densa exposición retrospectiva del maestro José Cestero (1937) es una de ellas. Más de 120 obras entre pinturas, dibujos, grabados y esculturas se agrupan en diferentes ejes temáticos, fundamentales para conocer la amplia y variada producción de este maestro dominicano, Premio Nacional de Artes Plásticas 2015. La emblemática figura de José Cestero se desplaza con naturalidad por la Ciudad Colonial. Es fácil encontrarse con el maestro en La Cafetera, sentado en el parque Colón o deambulando por el parque Duarte.

Los Estados de la Luz

Casi setenta obras de formatos grandes y medianos, divididas en tres ámbitos representativos de las diversas búsquedas estéticas, filosóficas y espirituales del maestro Orlando Menicucci (1949), componen una importante exposición retrospectiva (1967-2021) en la Galería Nacional de Bellas Artes. La reducida selección es el resultado de tres años de investigación, conversaciones con el artista y visitas a colecciones por parte de los curadores Luis Graham Castillo y Amable López Meléndez. El título revela la constante búsqueda de la luz de Orlando Menicucci, un artista considerado por los curadores como una bisagra entre dos períodos importantes del arte dominicano.

Un importante segmento de la actividad productiva de Orlando Menicucci se realizó fuera de los círculos expositivos. Muchas de estas obras nunca se han expuesto públicamente y la exposición fue una magnífica oportunidad de estudiar varias obras significativas del artista.

Mundos: los Tránsitos, de Fernando Varela

El Centro León mantiene un esmerado cuidado de los montajes museográficos de todas sus exposiciones, permanentes o temporales. La retrospectiva de Fernando Varela no es una excepción. El vestíbulo del museo, el área central y la sala de exposiciones temporales del segundo nivel están cuidadosamente diseñados para mantener el interés de los visitantes, que se sumergen en un cuerpo de trabajo que abarca cuarenta años de intensa producción del artista uruguayo-dominicano. La instalación del vestíbulo, grandes piezas colgantes de su serie “Forma y vacío”, es de gran atractivo para niños y adultos. Es la favorita para hacerse los clásicos selfies a la entrada o salida de la exposición.

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