Maialino

En la Ciudad Colonial de Santo Domingo, un edificio emblemático restaurado, la Casa Velázquez (Arquitexto 119), sirve como escenario para un restaurante italiano que combina la sensibilidad mediterránea con la elegancia patrimonial del Caribe. Concebido por el arquitecto dominicano Ramón Emilio Jiménez, Maialino se proyecta como una trattoria contemporánea que honra la historia del inmueble y, al mismo tiempo, introduce una narrativa cálida, íntima y llena de texturas.

Las propuestas espacial, material y conceptual de Maialino, impresas en sus acabados, mobiliario, iluminación y accesorios, revelan el potencial del diálogo entre patrimonio arquitectónico y diseño interior contemporáneo.

La Casa Velázquez es un edificio de estilo neoclásico que desde los años veinte forma parte del tejido urbano de la Ciudad Colonial. Fue rescatada recientemente (Arquitexto 119) mediante un cuidadoso proceso de restauración, y recupera su dignidad neoclásica con una nueva funcionalidad contemporánea. Todo el piso bajo se dedica a restaurantes, mientras que los demás niveles albergan un uso residencial.

En el primer nivel se instala el restaurante italiano Maialino, desde su esquina chanfleada y con acceso desde la calle. El diseño de interiores fue encargado a Ramón Emilio Jiménez. Maialino, ‘cerdito’ en italiano, reúne la elegancia patrimonial del edificio con el calor, la autenticidad y la tradición de las trattoria italianas, reinterpretadas con una mirada contemporánea y tropical adecuada al espíritu del Santo Domingo colonial.

La creación de distintos ambientes responde a la creación de diferentes atmósferas que permiten disfrutar de variadas experiencias dentro de un mismo espacio: cena elegante, almuerzo rápido, cócteles o solo postre y café.

Al acceder desde la calle, el vestíbulo marca el tono. Se trata de un reducido espacio de bienvenida sobrio, elegante, discreto, que prepara al comensal para la experiencia que viene. El protagonista es el mueble de madera curvo de piso a techo en el que se colocan elementos que dejan claro el estilo italiano del restaurante. Llaman la atención las singulares lámparas en forma de flores que coronan este pequeño ambiente.

El gran salón es el espacio principal de la experiencia gastronómica. Tiene capacidad para unas setenta personas. El piso combina láminas anchas de cerámica que imita madera con cerámica artesanal en patrón hidráulico, que evoca la rusticidad mediterránea. Las paredes se recubren de ladrillos que combinan distintas formas de colocación. Algunas paredes además combinan cerámicas que acentúan el carácter mediterráneo del lugar. El techo se deja en toda su altura original. Se colocan plafones de madera en lugares estratégicos para bajar la escala y crear acentos de iluminación. Las tuberías se dejan vistas y se pintan de marrón para disimular su presencia. Las cortinas corredizas a mitad de los ventanales hacia la calle nos evocan la tradición italiana, mientras que las tipografías de letras doradas sobre estos cristales aportan contemporaneidad a la vez que reafirman la presencia del restaurante en la calle.

La elección del mobiliario consiste en mesas de mármol con base de hierro trabajado de manera clásica y sillas tapizadas con marrón de estilo contemporáneo. Los apliques de iluminación se colocan sobre las paredes, y unidos a los platos de cerámica acentúan el carácter italiano.

El bar se ubica en el fondo del espacio, como uno de los protagonistas del lugar. Se convierte además en espacio de espera y cócteles after-dinner. La barra mezcla madera oscura con cerámica de color azul claro brillante. Tras ella, las estanterías de madera e hierro forjado exhiben los licores. La iluminación indirecta de las repisas destaca las botellas y, junto con los espejos, genera una sensación de amplitud y festejo a la vez. Las cómodas banquetas altas invitan a la permanencia. La elección de las lámparas colgantes proporciona un carácter informal a este espacio.

En el área trasera se ha colocado un delicatessen o mostrador gourmet. Consiste en un espacio reducido que simula la venta de productos italianos, pastas, embutidos, vinos y aceites, como un guiño a la tradicional bottega italiana.

Los baños fueron diseñados con una materialidad y estética similar al resto del restaurante. El suelo es de cerámica con un patrón a cuadros, las paredes son de cerámica de color blanco perla de gran formato. El lavamanos es una pieza rústica gris que se apoya sobre una consola de mármol. La grifería rústica y dorada añade un toque clásico contemporáneo. Un espejo de marco dorado, detalles de cerámica artesanal y pequeñas plantas completan el cuidado espacio.

En suma, Maialino se concibe como un espacio cálido, íntimo y auténtico, que propone una experiencia gastronómica y arquitectónica a la vez. Un ejemplo de que la Ciudad Colonial puede acoger nuevas narrativas contemporáneas sin desligarse de su raíz histórica.

El programa comprende unos 8,500 metros cuadrados de superficie comercial y 264 plazas de estacionamiento. La oferta se estructura en tres componentes: un volumen ancla de aproximadamente 4,250 metros cuadrados; una franja de locales medianos y pequeños dispuestos en L que envuelve la pieza principal; y dos edificios independientes concebidos como volúmenes escultóricos de alta visibilidad hacia la vía de conexión rápida. Más que un centro de compras, Patio Embajada se define como un nodo de encuentro cotidiano para la comunidad de Reserva Los Robles, los residentes de Altos de Arroyo Hondo, el entorno escolar inmediato y la colonia vinculada a la Embajada. Su condición de primer punto comercial del recorrido desde el este por la avenida República de Colombia lo convierte en un referente urbano visible para miles de conductores cada día.

Uno de los ejes del proyecto es la revisión crítica de la relación entre peatón y vehículo en la tipología de plaza comercial. Frente al modelo convencional —grandes explanadas de estacionamiento frente a una banda lineal de locales—, Patio Embajada integra arquitectura, estacionamiento y paisaje para que el desplazamiento desde el automóvil hasta los comercios se convierta en un recorrido cómodo, intuitivo y seguro. Esta aproximación al flujo de personas y vehículos se apoya en la experiencia de luis idal + arquitectos en infraestructuras de alto tránsito —aeropuertos, hospitales y equipamientos complejos— y traslada a la escala comercial la misma atención a la legibilidad, la orientación natural y el confort del usuario.

Todas las edificaciones se desarrollan en un único nivel sobre rasante, ligeramente elevado con respecto a las vías internas, lo que garantiza una accesibilidad universal sin barreras arquitectónicas. Desde la plaza peatonal central se accede a todos los comercios “a nivel”, esto refuerza la idea de un plano continuo donde el usuario no enfrenta escaleras, rampas ni variaciones abruptas de cota. El visitante comprende de inmediato cómo orientarse —dónde estacionarse, por dónde desplazarse y hacia qué puntos dirigirse— gracias a la mirada centrada en el usuario que caracteriza el trabajo del estudio.

La circulación vehicular se organiza mediante un anillo perimetral flexible con accesos y salidas diferenciados desde la vía de conexión rápida y desde la avenida Los Robles, y con circuitos independientes para vehículos privados, operaciones de carga y descarga y personal. Este esquema garantiza un funcionamiento eficiente en distintas fases del desarrollo del proyecto, y al mismo tiempo libera el vértice sur de la parcela para conformar una gran apertura visual hacia el interior del conjunto, un verdadero escaparate urbano del proyecto.

La arquitectura de Patio Embajada se articula a partir de volúmenes horizontales coronados por grandes cubiertas que se pliegan y se elevan en puntos estratégicos: accesos, patio de comidas, volumen ancla y locales orientados hacia la avenida. Estos movimientos volumétricos generan sombra, protegen de la lluvia tropical y funcionan como señales urbanas de larga distancia que facilitan la orientación del visitante.

Las cubiertas y fachadas se resuelven mediante bandas horizontales continuas que conducen al peatón hacia los accesos principales. El color se emplea como herramienta de orientación y como seña de identidad: tonalidades cálidas en los voladizos, pavimentos diferenciados en las áreas de estacionamiento y elementos verticales de señalización que organizan recorridos y zonas de estancia, un ambiente reconocible y amable. El resultado es una imagen sobria pero expresiva, contemporánea sin perder cercanía, en plena sintonía con la visión de Luis Vidal y Óscar Torrejón de una arquitectura que comunica sin estridencias.

Los dos locales independientes se conciben como piezas icónicas, ligeramente separadas del volumen principal y vinculadas directamente con la vía de conexión rápida. Su morfología singular y su autonomía de accesos los convierten en focos de atracción que enriquecen la lectura del conjunto, aportan usos con identidad propia —como formatos drive thru o marcas que requieren mayor protagonismo— y suman actividad al proyecto a lo largo de todo el día.

La posición de Patio Embajada dentro del plan maestro de Reserva Los Robles refuerza su rol como nueva centralidad urbana. El proyecto se concibe como una pieza abierta, con fachadas activas orientadas tanto hacia la urbanización en desarrollo como hacia la Embajada y la avenida principal. La implantación se retira de los linderos para incorporar bandas ajardinadas de amortiguación que mejoran la relación con las parcelas residenciales colindantes y atenúan la presencia del estacionamiento hacia el exterior.

El conjunto aspira a constituirse en un punto de encuentro cotidiano para la comunidad: un lugar accesible en vehículo o incluso a pie desde la Embajada o el centro escolar cercano. El diseño exterior procura prolongar la estancia de los usuarios, otorga igual visibilidad a todos los locales y propicia un recorrido comercial continuo. En este enfoque se evidencia otra constante del trabajo de luis vidal + arquitectos: la vocación de “coser ciudad”, asegurándose de que cada edificio contribuya al espacio público en lugar de limitarse a ocupar suelo.

Desde el punto de vista medioambiental, el proyecto integra criterios de eficiencia energética y gestión responsable del agua: fachadas protegidas del asoleamiento directo, cubiertas amplias que mejoran el desempeño de los sistemas de climatización y una selección de materiales durables, preferentemente de tecnología local. La sostenibilidad no se concibe como un complemento, sino como un componente estructural de la lógica del proyecto, alineada con la estrategia global del estudio en sus intervenciones internacionales. La funcionalidad se apoya en una organización clara de los servicios, con muelles de carga, circulaciones técnicas y áreas de apoyo que están fuera de la percepción del usuario.

En suma, Patio Embajada plantea un modelo contemporáneo de arquitectura comercial: accesible, eficiente y centrado en la calidad del espacio público. Más que un conjunto de locales, propone un fragmento de ciudad que activa su contexto, acompaña el crecimiento de Reserva Los Robles y establece un precedente para futuras intervenciones comerciales en la República Dominicana, esto reafirma la apuesta de luis vidal + arquitectos por una arquitectura que mejore la vida de las personas y el tejido urbano al que se incorpora.

  • Planta arquitectónica

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