Tema central: Residencias vacacionales dominicanas. Experiencia de Diana Dalmasy

Diana Dalmasy es una arquitecta dominicana, egresada de la universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña en el año 1984. Su ejercicio profesional ha estado ligado principalmente al diseño, construcción, promoción y venta de villas vacacionales localizadas en complejos turísticos, un mercado inmobiliario que se ha desarrollado con éxito en nuestro país en los últimos treinta años, en los que ha tenido lugar un vertiginoso crecimiento del sector. La práctica profesional de Dalmasy le ha permitido acumular una vasta experiencia en cuanto a las características ideales que debe tener una residencia de tipo vacacional, la cual comparte con nosotros.

“La tipología de casas vacacionales tradicionales ha ido evolucionado con el tiempo de acuerdo a la variación del estilo de vacacionar”, nos explica la arquitecta. Estos cambios los resume básicamente en dos aspectos: la ampliación del programa de áreas e instalaciones, y la sofisticación de los requerimientos técnicos. “Cuando llegué a Punta Cana hace 11 años, no existía prácticamente nada de lo que existe hoy. El campo de golf y su desarrollo circundante se encontraba en construcción. A las dos primeras villas que diseñé y construí en la marina [puerto deportivo] solo las precedieron la villa del arquitecto Imbert, el edificio de apartamentos, el restaurante La Yola y algunas villas más en Corales”.
Sus primeras construcciones de 450 y 500 metros cuadrados resultan ser ahora las más pequeñas del complejo. En su mayoría fueron diseñadas a solicitud de sus propietarios, recreadas en los estilos de la arquitectura de las islas caribeñas y de las villas vacacionales del sur de Francia. Algunas tal vez sean demolidas para dar paso a nuevas viviendas de mayor lujo y sofisticación. La razón fundamental radica en el aumento del valor de las propiedades, especialmente el de las más cercanas al mar, que exige construcciones más sofisticadas y gastos mayores para asegurar el retorno de la inversión al propietario.
“Estos factores impactan de manera significativa nuestra práctica, ya que como arquitectos nos toca reinventar el concepto de ‘veranear’ integrando a los proyectos recursos estimulantes y diversas comodidades que justifiquen estas inversiones, mientras que los contratistas ven su trabajo multiplicado ya que hay que contratar y supervisar más técnicos para llevar a feliz término la construcción de estos pequeños ‘resorts’ [complejos] privados dentro del gran resort.”
Desde un punto de vista arquitectónico, la arquitecta Dalmasy define criterios fundamentales presentes en el diseño de estas villas.

Carácter: la villa debe ser divertida y memorable.

Las casas diseñadas para ser usadas como hogares de familia deben ser como un lienzo, lo suficientemente neutrales y flexibles para que los gustos y las necesidades variables de sus usuarios encuentren respuesta dentro de su arquitectura. Las villas vacacionales generalmente son segundas viviendas, por lo que ofrecen mayor libertad que la residencia principal, y no están pensadas necesariamente para utilizarse toda la vida. Son lugares para veranear, una actividad que implica intrínsecamente diversión, a donde se lleva generalmente amigos a compartir y, por qué no, a veces a impresionarlos un poco con un inmueble por el cual se realiza una inversión importante. Son como una especie de carro deportivo. Cada detalle es importante. Las áreas como los baños, cocinas, habitaciones principales, patios interiores, gazebos [glorietas], palapas y piscinas requieren creatividad e imaginación en este tipo de edificaciones.

Ubicación: la villa debe reflejar el lugar en donde se encuentra.

Al diseñar una villa siempre hay aspectos específicos del lugar a los que responder –en este caso el Caribe, la República Dominicana, Punta Cana, La Romana u otro sitio–: condiciones climáticas, recursos naturales, referencias estilísticas y lenguaje formal. “Por ejemplo, en sus inicios el carácter imperante en Casa de Campo era de una rusticidad muy elegante: maderas oscuras, pisos de barro, los herrajes de las puertas grandes y galvanizados, similares a puertas de caballerizas. En Punta Cana, en sentido general hay dos vertientes a nivel formal: la elegancia neoclásica, simétrica, blanca y refinada de la arquitectura promovida por el diseñador Oscar de la Renta, y la influencia de lo vernáculo de la arquitectura de los Imbert, Oscar y Antonio, informal, orgánica, abierta, con sus empinados techos de cana y llenas del colorido de la arquitectura de las pintorescas comunidades circundantes, como la ya casi desaparecida La Otra Banda.”
La recomendación de la arquitecta es que antes de comenzar a diseñar se debe visitar el terreno y “escucharlo”, esto es: estudiar las condiciones del entorno, las vistas, las características topográficas, la orientación con relación al sol y a las brisas.

Espíritu: las casas son como las personas, tienen alma.

Para Diana Dalmasy esta es una de las características que debe hacer que una casa sea memorable. Hay casas serenas, casas electrizantes, casas divertidas, casas atrevidas, casas coquetas, casas místicas e inclusive ¡hay casas masculinas y casas femeninas! El espíritu de la casa lo define el usuario, sea este real o desconocido, en el caso de una casa para la venta. “Muchas veces con los usuarios reales hay que estar más atentos a lo que no dicen que a lo que solicitan. El famoso lenguaje no verbal. Por ejemplo, la manera de vestir: formal o deportivo. Cómo anda puesto: informal o acicalado, moderno o anticuado. Si es verde (ecológico) o le impresiona más la tecnología. Es protocolar o le gusta improvisar. ¿De qué tamaño es su ego? En fin, la obra debe ser una respuesta a un lugar pero también a un ser humano en particular y tener congruencia en todos sus detalles. Como una sinfonía que mantiene una cadencia y cuya melodía refleja una emoción.”

Distribución.

Aunque la arquitecta explica que ha tenido oportunidad de diseñar villas de grandes dimensiones, las más frecuentes oscilan entre los 500 y 900 metros cuadrados, emplazadas en solares que van desde los 1,000 hasta 2,500 metros cuadrados. En estos casos, opta por proyectar bloques únicos que permiten alejar la vivienda de los vecinos y logran más privacidad, al tiempo que promueven perspectivas más amplias. Las vistas son centrífugas. El patio frontal, el de la calle, generalmente está integrado a la casa a manera de antesala. La articulación de la casa con el patio y sus piscinas y jardines se logra con terrazas o galerías perimetrales que generalmente son los lugares de mayor uso. Estas galerías permiten garantizar la protección del sol hacia los interiores. La idea fundamental es aprovechar la ventaja que da el clima del Caribe para el disfrute al aire libre todo el año. Otra ventaja de la utilización del bloque único es que no queda detrás de otra construcción que interrumpa las vistas o de la cual haya que cuidar la privacidad, y puede usar su recurso favorito a la hora de diseñar los huecos: las puertas-ventanas, muchas veces con salida a balcones o balconcitos que permiten la entrada de luz, vegetación, vistas al mar, al campo de golf o la piscina.

El ordenamiento geométrico clásico: la simetría.

La arquitecta reconoce como una compulsión su tendencia a recurrir a la simetría. A pesar de todos los planteamientos de responder como un vestido a la medida, tanto al lugar como al usuario y a los objetivos, no puede evitar la atracción que siente por las soluciones simétricas. “La paz y la serenidad que genera un orden fácilmente identificable, para mí son características valiosas.”
Un recorrido por algunas de las villas de Diana Dalmasy permite apreciar un sentimiento de sorpresa que va in crescendo: un preámbulo en la llegada, la importancia de las áreas sociales, la amplitud visual y, finalmente, el marco perfecto de las terrazas, pérgolas y patios, para disfrutar de una naturaleza exuberante, el recurso más valioso.