Proyecto de restauración de la Casa Olivier

Proyecto Restauracion de la casa Olivier

Un poco de historia

Observando planos antiguos de la ciudad de Santo Domingo se puede apreciar que la antigua calle de la Puerta Grande, luego calle de la Misericordia y hoy calle Arzobispo Portes, comenzó a formarse hacia el siglo XVIII, conformada en su lado sur principalmente por bohíos de madera y al norte por los huertos del Palacio Arzobispal, del convento de Santo Domingo de los padres dominicos y del convento de Regina Angelorum.

De allí partía hacia el norte la calle del Estudio, hoy Eugenio María de Hostos, que separaba el convento de Santo Domingo del Palacio Arzobispal, y es precisamente en la esquina noreste de esta intersección donde se encuentra la que hoy se llama Casa Olivier.

De acuerdo con la observación de planos antiguos, el análisis de los materiales constructivos y las excavaciones arqueológicas, parece ser que la casa fue construida a finales de la segunda mitad del siglo XIX y que permaneció prácticamente invariable hasta nuestros días, principalmente su exterior.

La Casa Olivier es una edificación de una sola planta en forma de L, con seis puertas hacia la calle Hostos y dos hacia la calle Arzobispo Portes. Forma parte de un conjunto de casas construidas simultáneamente, tal como lo revela la continuidad de la cornisa y el ritmo de las puertas, si bien algunas puertas de las casas aledañas han sido modificadas en la actualidad.

Los muros de la casa son de tapia y por su espesor y método constructivo reflejan que la vivienda fue construida para tener un techo ligero, posiblemente de láminas de cinc o hierro galvanizado, ya que no se encontró ninguna prueba de otro material ligero como por ejemplo tablillas de madera, muy utilizadas en la ciudad en esos tiempos.

Cuando se comenzó la restauración gran parte de la casa estaba abandonada, con el techo de cinc en muy mal estado y con grandes árboles sobre los muros de tapia que habían provocado algunos derrumbes. La otra parte estaba ocupada por un colmado.

El proyecto

El proyecto consistió en convertir dicha casa, que originalmente tuvo un uso habitacional, en un local comercial que pudiera albergar las funciones de rotisería (delicatessen), pequeño restaurante y salón bar.

De las ocho puertas que dan al exterior, se tomó como entrada principal una de la calle Hostos, por conveniencias de funcionamiento.

Para ganar altura en el interior y para poder desaguar los techos directamente hacia la calle, se invirtió el sentido de las pendientes de los techos, lo que permitió la integración de un mezanine para oficina y depósito, debajo del cual se colocó la cocina. En el otro extremo se colocó el bar, dejando entre ambos espacios una zona para mesas y sillones.

Los baños fueron diseñados en un anexo en el patio, manteniendo el criterio de alterar lo menos posible el esquema original del inmueble que tenía una letrina en el patio, la cual fue encontrada durante las investigaciones arqueológicas. Sobre los nuevos baños se colocó el cuarto de máquinas con los paneles eléctricos, transformador y equipos de aire acondicionado.

El diseño interior fue realizado por la licenciada Maritza Olivier, propietaria del inmueble, quien además es la creadora del concepto del restaurante y la chef del mismo.

La restauración

El criterio que se estableció desde el inicio de la intervención fue el de respetar al máximo la imagen de la casa, ante todo la imagen exterior, para mantener la unidad que tiene con las casas aledañas. Por tal motivo se mantuvieron todas las puertas que dan a ambas calles.

El mayor problema que presentó esta restauración fue la selección del tipo de techo a utilizar, ya que era necesario reemplazar lo que quedaba del deteriorado techo de láminas de cinc por otro nuevo, con el inconveniente de que los delgados muros de tapia de la casa no soportarían un techo pesado. Por lo tanto, se optó por un techo con estructura de madera cubierto por láminas de fibrocemento y una terminación de tela asfáltica que sirviera también como impermeabilizante.

Las jambas de las puertas fueron restauradas y reforzadas con ladrillos para dar mayor resistencia a los muros, pero manteniendo la forma y tamaños originales.

Los muros de tapia fueron nuevamente revocados con una mezcla a base de cal y arena, con un ligero porcentaje de cemento. Posteriormente fueron pintados con pintura acrílica o látex a base de agua, la cual deja respirar el muro pues no sella por completo los poros del pañete. Esto es importante pues en muros de tapia o mampostería no deben utilizarse pinturas como semigloss, de esmalte o mantenimiento, pues no dejan transpirar los muros y provocan abombamiento y desprendimiento de pintura, haciéndole además daño.

Para los pavimentos se escogieron losetas de barro rectangulares que van muy de acuerdo con el estilo de la casa y logran un agradable ambiente.

Debido a que la mayoría de las puertas exteriores dan al oeste y también por razones de seguridad, se optó por construirlas de hierro y vidrio, siguiendo un diseño funcional que armoniza perfectamente con la casa. La construcción estuvo a cargo de la firma Ferrero, que también realizó la escalera del patio que da acceso al mezanine y al cuarto de máquinas.

Ficha Técnica:

  • Colaboradores: arq. Maribel García García, arq. Michelle Then Nova, arq. Angely Muñoz, Amparo Contreras
  • Diseño estructural: ing. Héctor J. Jiménez
  • Dirección de la obra:ing. Héctor J. Jiménez
  • Diseño eléctrico:Oteica
  • Diseño sanitario:AG Interiores ing. Jaime E. Sasso
  • Aire acondicionado: Prieto Nouel Electromecánica
  • Diseño de cocina: ing. José Ramón Román
  • Puertas y herrería: Ferrero (arq. Caroline El-Hage)
  • Diseño de interior: lic. Maritza Olivier