Talentos de la Diáspora Arquitectónica Dominicana

En el complejo panorama global de nuestros días, se incrementa cada vez más la cantidad de profesionales que ejercen su oficio lejos de su lugar de origen, y los arquitectos dominicanos no son la excepción. En esta edición especial número 90, Arquitexto retoma el tema de la diáspora de la arquitectura dominicana –que empezáramos a explorar en la edición 75– con el objetivo de difundir un material inédito que nos enorgullecemos en presentar: el trabajo realizado por arquitectos y diseñadores dominicanos que ejercen fuera de nuestras fronteras.

“Venir de otra parte, de ‘allá’, no de ‘aquí’, y encontrarse, por lo tanto, de 
manera simultánea, ‘dentro’ y ‘fuera’ de la situación de que se trate, es vivir en las intersecciones de historias y memorias [recuerdos]”
(Iain Chambers, Migración, cultura e identidad, Buenos Aires, 1995)

La creciente movilidad global y los avances de las telecomunicaciones han hecho que el ejercicio de la arquitectura, al igual que el de otros oficios, se haya ampliado geográficamente. La práctica de los grandes estudios fuera del territorio local revela que los mercados extranjeros representan una amplia fuente de trabajo, incluso para los países desarrollados. Este hecho ha ofrecido la oportunidad de trabajar fuera de su ámbito local a profesionales de todo el mundo.

En el artículo “Diáspora de la arquitectura dominicana” (Michelle Valdez, Arquitexto, edición 75), se reseñó el trabajo de un grupo de profesionales dominicanos que ejercían la arquitectura de manera destacada en el extranjero. En esta ocasión, Arquitexto centra su contenido en la práctica reciente de arquitectos y arquitectas que, en su mayoría, obtuvieron el título de grado en la República Dominicana y, tras completar los estudios de especialización en otros países, encontraron oportunidades para ejercer su oficio en diversas áreas del diseño, de la arquitectura y la planificación, ya sea en el sector privado, en el público, de forma independiente, en el campo académico o en prestigiosas firmas.

Desde mediados del siglo pasado, diferentes generaciones de arquitectos emigraron a otros países en busca de especialización. El trabajo que presentamos, con protagonistas de una generación más reciente, demuestra que esta movilidad termina por brindar una visión más amplia del hecho arquitectónico en sus diferentes escalas, la del país que se deja y la del país que acoge. Se crea así una cultura arquitectónica global que a veces desafía la identidad cultural pero en otros casos la refuerza.

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La mayoría de proyectos seleccionados evidencian un alcance global en las formas de hacer la arquitectura, de pensarla, comunicarla y llevarla a la práctica.

Las obras con su diversidad de escalas y tipologías, con programas unos más complejos que otros, presentan temas comunes. El cuidado de los factores ambientales, las relaciones con la ciudad, el respeto por el contexto cultural y la búsqueda de condiciones espaciales que ofrezcan ambientes cotidianos de mayor calidad y habitabilidad son aspectos que tienen un papel preponderante. Resulta motivadora la sensibilidad hacia el diseño y el carácter colaborativo de estas instituciones y estudios de arquitectura.

La relación de profesionales que se presenta, aunque más amplia que la de la reseña de la edición 75, no es una lista completa de todos los arquitectos dominicanos “ausentes”, sino más bien un registro de perfiles interesantes, con proyectos innovadores y destacados. Los trabajos representan una visión panorámica de la producción arquitectónica actual de un grupo heterogéneo de profesionales que han dejado atrás su patria por diversas razones, se han arriesgado y han logrado salir adelante al explorar nuevas oportunidades laborales.

Como todo inmigrante, han tenido que sobrepasar los desafíos y las dificultades de desarrollarse fuera de su tierra, en mercados mucho más exigentes y en la periferia cultural en la que generalmente se encuentran cuando llegan.

El escritor y crítico de arte John Berger (Londres, 1926) señala que emigrar “no significa únicamente dejar el país, atravesar mares, vivir entre extranjeros[…] –sino que también implica reconstruir– el propio sentido del mundo”. Los profesionales aquí reseñados han vivido distintas experiencias y trabajado con distintas metodologías, muchos han tenido un importante liderazgo en proyectos de gran envergadura y han demostrado madurez y preparación dentro del competitivo ámbito internacional; se sienten preparados con la buena formación que han recibido en las universidades dominicanas y con esta base han podido complementar sus estudios en el exterior, su práctica profesional y pasar por el a veces difícil proceso de convalidación o reválida para poder ejercer en otros países.

En muchos casos, parece ser que el trasfondo cultural dominicano, como isleño y como caribeño, se refleja en el trabajo y en la determinación de destacarse fuera de su tierra. Aquí sobresale una importante cualidad del dominicano, su calidad humana, pero también la capacidad de adaptación e independencia.

Un aspecto que no queremos dejar de mencionar es el académico. Las universidades y, por ende, las facultades de Arquitectura han aumentado los intercambios internacionales y culturales de los programas de estudios. Julio Bermúdez y Robert Hermanson (Escuela de Graduados de Arquitectura de la Universidad de Utah), en su trabajo Medios, cultura y arquitectura, reflexionan sobre el fenómeno de la migración y proponen una “pedagogía de la migración”, a partir de la cual cuestionan qué es lo que debe hacerse en el ámbito académico para enfrentar los desafíos que plantea este fenómeno. Los autores, entre muchas otras cosas, buscan prioritariamente dotar a los estudiantes de herramientas y puntos de vista que permitan desenvolverse en el nuevo escenario global. Esto significa lograr que los estudiantes de arquitectura sobrevivan a la globalización y se familiaricen con las dimensiones políticas, profesionales, económicas y culturales de la civilización global y sus tecnologías operativas.

Finalmente, el hecho de que como país contemos con una buena representación de profesionales destacándose en el extranjero constituye un gran recurso y aporte. Aunque muchos guardan estrechos vínculos con sus raíces, la tarea pendiente es cómo integrarlos en el proceso de desarrollo de nuestro país.

Como complemento a la edición y para lograr una visión más abarcadora, incluimos una infografía sobre la diáspora de la arquitectura dominicana con la intención de ampliar el espectro hacia un mayor grupo de arquitectas y arquitectos que han trascendido los límites de lo local y han podido insertarse en el mercado global y ejercer su práctica profesional en diferentes partes del mundo. Estamos seguros de que hay muchos colegas más y mantenemos nuestras páginas abiertas para seguir destacando el trabajo de los dominicanos en el extranjero.

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