Arquitexto

Cuatro décadas de interiorismo en la República Dominicana 


Mirado en conjunto, el recorrido del interiorismo dominicano revela una clara evolución generacional. Arquitectos, interioristas, diseñadores y artistas han contribuido con distintas sensibilidades a dignificar el oficio del diseño de interiores y a consolidar una práctica cada vez más rigurosa e interdisciplinaria, abierta a nuevas influencias y capaz de dialogar con la arquitectura, el diseño contemporáneo y la cultura.

Cuando Arquitexto comenzó a documentar la arquitectura dominicana a mediados de los años ochenta, el interiorismo aún no era reconocido plenamente como una disciplina autónoma. Durante gran parte del siglo XX, el diseño interior era asumido por arquitectos o por decoradores con formación práctica, y su ejercicio se vinculaba principalmente al ámbito residencial de alto nivel y a ciertas intervenciones hoteleras. Sin embargo, el campo comenzaba a organizarse profesionalmente.

En la década de los sesenta, la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña fue pionera al establecer en 1966 el nivel técnico en Diseño y Decoración de Interiores. Posteriormente, en los años ochenta, la Universidad Iberoamericana introdujo el programa Diseño y Decoración Arquitectónica, y en 1991, la UNPHU la elevó a la categoría de Escuela de Diseño. En paralelo, una nueva generación de profesionales comenzaba a posicionar el interiorismo como un campo con sensibilidad, rigor técnico y mirada propia.

EVOLUCIÓN DE LA TIPOLOGÍA HOTELERA. Casa de Campo (n.º 38, 2002), Mayra González; J. W. Marriott (n.º 87, 2014), GVA Dominicana;
Hotel Meliá Santo Domingo, Aura García (n.º 31, 2000)

Es en ese momento cuando Arquitexto inicia su registro documental, y se comienza a evidenciar el papel cada vez más visible del interiorismo dentro de los proyectos arquitectónicos del país.

1986-1995. La consolidación del oficio y el lenguaje del trópico
Durante este período, el interiorismo dominicano comenzaba a perfilarse como un campo profesional con rasgos propios, aunque sin un registro sistemático de su evolución. Algunas publicaciones permiten reconstruir ese momento inicial en el que el oficio se consolidaba gradualmente, al tiempo que se configuraba un lenguaje espacial sensible al clima, la materialidad y la cultura del trópico. En 1996, al inaugurarse la sección de interiorismo en Arquitexto, María del Carmen Defilló ofrecía una mirada retrospectiva que describía cómo el diseño de los espacios interiores había comenzado a adquirir mayor atención. Según señalaba, ya era posible identificar ciertas tendencias en los espacios comerciales, laborales y de ocio. Por un lado, interiores acogedores y de escala íntima que recurrían a la madera, piedra, artesanías y objetos antiguos, una recreación de ambientes cercanos a tabernas o espacios tradicionales reinterpretados para el contexto local. Por otro, propuestas más modernas de nuevas tipologías comerciales —desde pequeñas discotecas hasta oficinas de mayor escala— donde comenzaban a aparecer lenguajes más tecnológicos y contemporáneos.

Estas transformaciones coincidían con un fenómeno mayor: el desarrollo turístico. La edición 12 de Arquitexto (1989) evidencia la rápida expansión de la arquitectura hotelera. Aunque el énfasis editorial estaba puesto en la arquitectura, el interior comenzaba a cobrar importancia. En este contexto, algunas figuras de la primera generación del interiorismo dominicano comienzan a perfilar su trayectoria: Patricia Reid Baquero, Julio Ortuño y Teófilo Cruz aportan una sensibilidad que combina elegancia internacional y reinterpretación del trópico, mientras que arquitectos como Miguel Vila, Oscar Imbert, César Iván Feris o Eduardo Lora integran el diseño interior como extensión natural de su práctica arquitectónica. En el ámbito residencial predominaban interiores eclécticos en los que mobiliario reinterpretado y manufactura local se combinaban con artesanías, porcelanas y textiles, lo que Defilló describía como una suerte de “barroquismo tropical”.

En los contenidos de esta etapa se ponen de relieve otras dimensiones del oficio: por un lado, la introducción de una cultura del material y la especialización en acabados, por otro, la integración de las artes aplicadas al espacio interior. La reseña del showroom Exteriores en la edición 4 —una propuesta pionera dedicada a la comercialización de terminaciones— y el artículo sobre arte vitral de Eduardo Lora anticipaban un diálogo entre arte, arquitectura e interior que en décadas posteriores adquiriría mayor relevancia.

Vista en perspectiva, esta década puede entenderse como una etapa de transición. La tipología turística funcionó como laboratorio, mientras que la elegancia creciente de los espacios comerciales y residenciales consolidó una cultura del detalle, la materialidad y la atmósfera que contribuiría a definir un lenguaje propio del interior tropical en el país.

1996-2005. La afirmación de la disciplina y la ciudad comercial
A mediados de los años noventa el interiorismo dominicano comienza a adquirir una visibilidad más clara dentro del panorama arquitectónico nacional. La creación de una sección dedicada al tema en Arquitexto en 1996 refleja ese cambio: el espacio interior ya no era solo una extensión de la arquitectura o un ejercicio decorativo, sino un campo de práctica con protagonistas, lenguajes y problemáticas propias.

En estos mismos años, iniciativas provenientes del ámbito cultural y mediático contribuyeron a visibilizar el oficio. Entre ellas se destacan las exposiciones Encuentro de Estilos, organizadas por el periódico Hoy entre 1994 y 1997, que reunieron propuestas de diseñadores emergentes y profesionales ya reconocidos.

El interiorismo se expande hacia nuevas tipologías vinculadas al crecimiento económico y la transformación urbana del país. A la tradicional presencia en el ámbito residencial se suman con fuerza espacios comerciales, oficinas corporativas y restaurantes, ámbitos donde el diseño interior se vuelve estratégico.

Entre los profesionales que consolidan el oficio en estos años están Ángel Giudicelli Vidal y el estudio Montero y Romero, cuya producción abarca desde bares y restaurantes hasta oficinas y espacios culturales. A ellos se suman las propuestas residenciales y comerciales de Sandra Ehlert, Aura García y Mariví Bonilla, así como los interiores de Mayra González, especialmente en proyectos vinculados a Casa de Campo, donde se desarrolla una reinterpretación elegante del interior tropical.

La expansión del comercio y de los servicios introduce nuevas exigencias técnicas y espaciales. El diseño de sucursales bancarias, oficinas institucionales como Cemex, Gillette, la red Bankagil del BHD, el Banco León o proyectos comerciales como Benetton y Librería Cuesta evidencian que el interiorismo comienza a operar como herramienta de comunicación corporativa y construcción de identidad de marca.

Acrópolis Center (n.º 42), Ágora Mall (n.º 80), Downtown Center (n.º 97), Blue Mall (n.º 72), Blue Mall Palacio del Cine (n.º 72),
Blue Mall, segunda etapa (n.º 125)

La aparición de nuevas plazas comerciales refuerza esta transformación. Con la apertura del Acrópolis Center en 2003, el interiorismo comercial adquiere mayor visibilidad junto con la imagen de marca. La reseña publicada en Arquitexto 42 señala cómo estos locales exploraban una multiplicidad de ambientes y estilos, reflejo de un mercado cada vez más abierto a influencias internacionales. La combinación de materiales, luminarias, revestimientos y mobiliario se convierte en el principal recurso compositivo para definir la personalidad de cada espacio.

Fitur 2022, Liza Ortega (n.º 42); Cecomsa, Vascormat (n.º 126), Luminaria Ritmo de Michelle Urtecho, instalaciones de Lu & Bo y Gola para Design Week RD 2023; Palau Santiago (n.º 28), Agencia Temptation, Antonio Imbert (n.º 19); Olympic Sport Bar, Montero y Romero (n.º 36);
Librería Cuesta, Ja’el García (n.º 36)

Al mismo tiempo, una nueva generación de arquitectos empieza a incursionar en el diseño interior, especialmente en proyectos comerciales. Nombres como Ja’el García, Christian Ricart, Antonio Imbert o Arturo Despradel reflejan el creciente interés por explorar el interior como campo proyectual específico. Entre estas nuevas voces también se destaca la entonces emergente Yudelka Checo, quien introduce un lenguaje más ecléctico cercano al shabby chic en espacios de ocio como los bares Kiev y Mythos.

Esta década marca el paso de un interiorismo asociado principalmente al ámbito doméstico hacia un interiorismo urbano vinculado al comercio y la vida pública de la ciudad.

EVOLUCIÓN DE LOS RESTAURANTES. Bachata Rosa (n.º 18, 1997), Patricia Reid; Maraca (n.º 110, 2020), Ramón Emilio Jiménez;
Mythos (n.º 42, 2003), Yudelka Checo

2005-2015. El interior como experiencia
A partir de mediados de los años dos mil el interiorismo dominicano entra en una etapa de expansión y experimentación que coincide con transformaciones profundas en la economía urbana. El crecimiento del sector gastronómico y la aparición de centros comerciales más elegantes generan un nuevo escenario en el que el espacio interior adquiere un papel determinante. Restaurantes, bares y cafés se convierten en laboratorios de diseño donde iluminación, materialidad, gráfica y mobiliario construyen atmósferas memorables. El interior deja de ser un telón de fondo para convertirse en protagonista.

La evolución del comercio refuerza este proceso. Si el Acrópolis Center había introducido nuevas formas en los espacios comerciales, la apertura del Blue Mall Santo Domingo en 2010 y posteriormente el Ágora Mall en 2012 consolida un nuevo estándar para el sector minorista en la ciudad. Con la llegada de marcas internacionales y la creciente competencia entre espacios comerciales, el diseño interior se convierte en una herramienta clave para atraer al público y construir identidad. En consecuencia, el diseño de vitrinas comienza a adquirir mayor relevancia. Desde principios del siglo XXI, la arquitectura efímera vinculada al escaparatismo [visual merchandising] había venido ganando terreno con profesionales especializados. Las vitrinas se convierten así en el primer gesto espacial de las tiendas, donde concepto mercadológico, diseño e iluminación construyen la antesala de la experiencia comercial.

Interiores residenciales de Andrés Aybar (n.º 116), Carla García (n.º 122), Jorge Brown (n.º 114), Karen Haché (n.º 120), Bonnelly Reynoso (n.º 124),
Mariví Bonilla (n.º 120), César Hiraldo (n.º 98) y Eduardo Lora (n.º 45)

En este contexto se consolidan estudios y profesionales que amplían el alcance del interiorismo. Entre ellos se destaca Moré y Wiese Arquitectura de interiores, cuyas propuestas para espacios corporativos y lugares icónicos como Hard Rock Café Santo Domingo evidencian cómo el diseño interior comenzaba a operar como herramienta para diferenciar ámbitos comerciales y de entretenimiento. Junto con ellas, profesionales como Felipe Rangel, Yudelka Checo, César Hiraldo, Ramón Emilio Jiménez, Andrés Aybar, Dante Luna y Liza Ortega desarrollan proyectos en los que el interior se concibe como una narrativa espacial completa.

Este período se caracteriza también por una mayor libertad en el uso de materiales. Maderas naturales, metal expuesto, hormigón visto y combinaciones cromáticas más audaces reflejan una búsqueda por distanciarse de los lenguajes más clásicos de décadas anteriores.

2016-2025. Madurez y nuevas narrativas del espacio interior
En la última década, el interiorismo dominicano alcanza un grado de madurez que refleja tanto la consolidación profesional como la creciente complejidad de los proyectos en los que interviene. Lejos de limitarse a la ambientación, el diseño interior participa ahora en estrategias vinculadas al desarrollo inmobiliario, la hostelería y la cultura.

Continúan destacándose figuras cuya trayectoria ha sido determinante en la evolución del oficio, como Patricia Reid Baquero, Sarah García y Alexandra Guzmán. En el caso de Reid, su trabajo en proyectos vinculados al turismo patrimonial —como Casas del XVI en la Ciudad Colonial de Santo Domingo— demuestra cómo el interiorismo puede dialogar con la arquitectura histórica y reinterpretar el carácter del lugar con sensibilidad contemporánea. Guzmán y García, por su parte, han desarrollado propuestas asociadas al turismo de lujo, en el que el manejo de la materialidad, la atmósfera y el detalle contribuyen a definir ambientes elegantes dentro de la hostelería contemporánea.

APAP Santo Domingo, D. Lodín, J. Morales y W. Valdez (n.º 113); Infotep, SBA Arquitectos (n.º 111); Campus Humano, GVA Dominicana (n.º 103); Melo Guerrero, Wendy Díaz (n.º 64); Gillette Dominicana, Arturo Despradel y Miguel Reyes (n.º 41); Finisterre, Arq. Deyanira Khouri (n.º 122); Workspace Ergotec, Milán Lora y Virginia Cabral (n.º 104)

Al mismo tiempo emergen nuevas voces. Diseñadoras como Michelle Urtecho acercan el diseño industrial a la práctica, integrando mobiliario y objetos al lenguaje del interior. Propuestas como las de Natalia Franch exploran sensibilidades contemporáneas en las que materialidad, iluminación y composición espacial dialogan con tendencias internacionales y con una creciente conciencia por la identidad local.

La escena del diseño también se dinamiza a través de iniciativas culturales. La creación de Design Week República Dominicana, impulsada por Jorge Brown, contribuye a visibilizar el diseño como disciplina transversal y a fortalecer el diálogo entre arquitectura, interiorismo, arte y diseño industrial.

El auge gastronómico continúa consolidándose como uno de los principales laboratorios del interiorismo contemporáneo en la ciudad. La proliferación de restaurantes y bares con propuestas espaciales cada vez más elaboradas llevó a Arquitexto a dar continuidad a la serie Arquitectura para comensales, dedicada a documentar este fenómeno en el que el diseño interior se convierte en elemento central de la gastronomía. Otro campo que adquiere protagonismo es el bienestar y la neurociencia aplicada al diseño. Estudios como 1:1 Arquitectura exploran nuevas aproximaciones al espacio y comienzan a influir en proyectos hosteleros, turísticos y corporativos, con criterios relacionados con la percepción, el bienestar y la calidad ambiental de los espacios.

InterContinental, Francisco Rodríguez (n.º 96); Holiday Inn, Sánchez y Curiel (n.º 68); Casa de Campo, Mayra González y Rafa Selman (n.º 69); Casa Colonial, Sarah García (n.º 49); Amanera, Heah & Co. (n.º 94); HHWC Marriott, Requena y Plaza y XG Group Habitat Design (n.º 124);
Embassy Suites by Hilton Santo Domingo, Yudelka Checo (n.º 89)

Paralelamente, las transformaciones de las modalidades de trabajo también han influido en el diseño de los espacios laborales. Los despachos cerrados y cubículos modulares han dado paso a oficinas más abiertas, con áreas colaborativas y una mayor diversidad de espacios de reunión, así como entornos de co-working. Al mismo tiempo, la expansión del trabajo remoto ha impulsado la incorporación de áreas de trabajo dentro del hogar.

El interiorismo dentro de la industria creativa dominicana
En las últimas cuatro décadas, el interiorismo dominicano ha acompañado los cambios culturales, económicos y urbanos del país. Lo que en los años ochenta se manifestaba principalmente como complemento de la arquitectura residencial o turística ha evolucionado hacia una disciplina capaz de construir valor dentro de obras y proyectos cada vez más complejos y diversos.

Shibuya, Antonio León (n.º 95); Buche Perico, Eduardo Lora (n.º 95); Allegra, Yudelka Checo (n.º 107); Aqua, Christian Ricart (n.º 46);
Praia, Danilo Rodio (n.º 41); Bachata Rosa Punta Cana, Cindy Hache (n.º 102); Ajualä, Higinio Llames y Guillermo Rodríguez (n.º 107);
Hard Rock Café, Moré y Wiese (n.º 55)

La vivienda de alto nivel, la hostelería, la gastronomía, el comercio minorista y los espacios corporativos han servido de escenario para explorar nuevas formas de relación entre arquitectura, usuario y ciudad. Más recientemente, las intervenciones en edificaciones patrimoniales, museos y proyectos culturales han ampliado su alcance hacia una dimensión más consciente de la memoria y la identidad.

Médico Express, 1:1 Arquitectura (n.º 125); Cemdoe, Perkins + Will, Moré Interiores y Colectivo de Diseño Contín García (n.º 112);
CC Cedimat, Liza Ortega (n.º 92); La Cliniquita, Michelle Urtecho (n.º 120); Cecilip, Jesús Abreu (n.º 101)

Hoy el interiorismo dominicano se afirma como una disciplina madura que participa activamente en la construcción de la arquitectura contemporánea del país. A la vez, la aparición de numerosos estudios jóvenes introduce nuevas sensibilidades y enfoques que proyectan un futuro promisorio para la profesión. En este proceso, el oficio contribuye además a dinamizar las artes industriales, la artesanía y otros saberes productivos. En la convergencia entre arquitectura, diseño y producción local, el interiorismo se consolida también como un motor cultural dentro del ecosistema creativo dominicano. 

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