Sobre la responsabilidad de aprender arquitectura

La arquitectura como proceso educativo requiere en esencia de un aprendizaje experiencial. Sin embargo, en nuestra ciudad la formación de las futuras generaciones de arquitectos, a quienes les estamos legando retos urbanos, ambientales, sociales y arquitectónicos (antes impensables), se está dando casi exclusivamente en las aulas. Para que los estudiantes salgan del campus universitario hace falta un viaje de observación y análisis, visitas de terrenos de un proyecto de clase o un taller de relevancia académica. Si bien estas actividades mejoran muchísimo la formación del arquitecto, mi interés en estas líneas está dirigido a explorar, en una aproximación básica, la idea del aprendizaje experiencial a través de la descripción de dos proyectos desarrollados con estudiantes de arquitectura.

Una de mis experiencias más positivas en la academia estadounidense fue una clase optativa Is West the best? A revision of the West Coast art production (¿Es mejor el oeste? Una revisión de la producción artística de la costa oeste), impartida en el verano del 2007 en la Universidad de Illinois de Urbana-Champaign, en Estados Unidos. Luego de inscribirme recibí un correo electrónico convocándome a una reunión antes del inicio de la clase. Fui. Cuando llegué ya estaban hablando de reservaciones, maletas pequeñas; le pregunté a alguien si habría un viaje, y me respondió: pero la clase es un viaje. En vez de discutir en las aulas sobre la producción artística de la costa oeste, el profesor entendía que la metodología más pertinente era ir a ver los proyectos y reunirnos con los diseñadores de las oficinas líderes en los temas a cubrir, con el objetivo de que toda la dinámica de discusiones se harían en la carretera y en las plazas y cafeterías de los lugares que visitaríamos. El profesor y los compañeros de clase siempre estaban ahí, por lo que no había manera de “no estar en clase”. Fue para todos un momento de práctica reflexiva basada en esta idea de aprendizaje fuera de las aulas, con un acercamiento muy simple a la idea del aprendizaje experiencial.
Muchos educadores, psicólogos y filósofos han tratado el tema del aprendizaje experiencial, tanto desde una posición constructivista del conocimiento como desde otras teorías del aprendizaje y de la enseñanza. Se reconoce a John Dewey como una de las figuras más importantes del desarrollo e implementación de las teorías basadas en el aprendizaje activo o el “aprender haciendo”. También se encuentran promotores más recientes de este concepto, como David Kolb, que sostiene que el aprendizaje experiencial incluye el desarrollo de capacidad de comunicación efectiva, interpersonales y grupales. Kolb también expone cinco cualidades que son desarrolladas en el perfil del estudiante: liderazgo, toma de decisiones, construcción de confianza, comunicación, y manejo de conflictos (Kolb, David, Experiential Learning: Experience as the Source of Learning and Development, 1984). El aprendizaje experiencial también se asocia con teorías como el aprendizaje de aventura, término acuñado por Aaron Doering en el 2006, o estrategias como el aprendizaje social y el aprendizaje cooperativo, que han sido desarrolladas por varios investigadores y educadores.

En estas fotos:

Proyecto EVA (Espacios Vivenciales de Arte)
Estudiantes de Diseño 4, PUCMM-CSTA
En colaboración con Daniel Pons

Concurso de Jardines Verticales
Estudiantes de arquitectura de la UNPHU, la PUCMM y Unibe
En colaboración con el Ayuntamiento del Distrito Nacional y el Centro de Innovación Atabey