Apuntes de un proceso de medio siglo en la arquitectura dominicana
Este ensayo reconstruye la memoria de una generación a través de medio siglo de arquitectura dominicana, vinculando crisis, crecimiento y transformación urbana. Desde la experiencia editorial de Arquitexto se documenta una práctica marcada por contrastes entre desarrollo económico, identidad, calidad del entorno y responsabilidad profesional.
La década de 1980 se recuerda como un período de cambios significativos para la República Dominicana, marcado por una profunda crisis económica que reordenó las estructuras sociales y culturales. El desplome de los precios de exportación, en particular del azúcar, junto con la crisis internacional de hidrocarburos, generó graves presiones sobre la balanza de pagos, devaluación e inflación que afectó a los sectores más pobres. Las medidas de ajuste impuestas por el gobierno derivaron en tensiones sociales que culminaron en la “poblada de abril” de 1984. Aunque la economía comenzó a ajustarse, el costo político fue alto y la década concluyó entre escasez, desencanto y frustración. La huella de esa crisis quedó marcada en el territorio urbano dominicano y en su arquitectura.

FOTO: FERNANDO CALZADA
I
El año 1986 fue significativo para la arquitectura dominicana, con tres puntos a destacar: la reactivación del programa de rescate del patrimonio histórico edificado —impulsado por el nuevo Gobierno dominicano por la celebración del quingentésimo aniversario del Descubrimiento de América, además de un amplio programa de construcción en todo el territorio nacional—, la celebración de la primera Bienal de Arquitectura —organizada por el Grupo Nuevarquitectura en noviembre— y la primera edición, en febrero, de un proyecto editorial dedicado a la arquitectura dominicana.
En efecto, el 13 de febrero de 1986 salió al mercado dominicano la revista Arquitexto. Lo que en un principio pudo considerarse como un esfuerzo efímero de jóvenes arquitectos egresados de la UNPHU se convirtió en una publicación importante que se ha sostenido durante cuarenta años. Sus antecedentes habría que buscarlos en la experiencia de publicaciones locales, como Revista Codia, Arquivox, Hoja de Arquitectura o De Arquitectura, así como en el ambiente de búsqueda y reflexión generado por los eventos académicos y profesionales en los que se exhibían proyectos y se reflexionaba desde la profesión.
Es interesante señalar la diferencia entre las dos etapas que acompañan la propia historia de la revista Arquitexto, cuya primera versión tenía un formato cuadrado sobre papel bond con alto interés en un contenido propio de las novedades de una profesión que respondía a las limitaciones de la época. Doce números fueron publicados entre 1986 y 1989, año en que cesó la publicación, lo cual podría interpretarse como una etapa de compromiso editorial que fue afectada por la realidad económica del país. En su primera portada aparece un mapa histórico de Santo Domingo como arco que se abre desde la escala urbana para colocar a la arquitectura en primer plano. A partir del segundo número y hasta el presente, la imagen de un edificio ha servido de portada a casi todas las ediciones.
Cuando la situación económica del país cambió en la década de 1990, la idea de relanzar la extinta publicación de arquitectura se convirtió en una realidad el 17 de marzo de 1996 con su número 13, de formato rectangular, diseño novedoso y un sentido empresarial más acabado. Por fortuna, la publicación ha sido regular durante los últimos treinta años, lo cual está relacionado, evidentemente, a un nuevo escenario que abarca un importante cambio en los proyectos de arquitectura y urbanismo desarrollados en todo el territorio dominicano. Entre 1996 y 2026 la revista ha tenido dos formatos y cuatro diseños de edición.
Al ver en retrospectiva los números publicados durante su segunda etapa se observa una realidad muy distinta a la década en la cual había surgido la revista. La cantidad y diversidad de los proyectos así lo refleja. Como se ha señalado, entre 1986 y 1996 el país atravesó crisis económicas y políticas y ahora se iniciaba una nueva fase para su desarrollo, acompañado de diversificación de las áreas de inversión y un nuevo escenario macroeconómico.
En los años ochenta comenzaban a despuntar las inversiones en proyectos turísticos y algunos edificios urbanos en altura, la gran inversión provenía del Gobierno. Los números 2 y 3 de la revista destacaron los edificios de la Compañía Dominicana de Aviación (aún en construcción) y el nuevo Hotel Jaragua, tan polémico, cuya versión sustituta estuvo auspiciada por el Gobierno dominicano. Arquitexto destacó en sus siguientes portadas obras privadas o de diferentes especializaciones: paisajismo (n.º4), patrimonio histórico (n.º5), edificio Seguros Pepín (n.º6), Hotel V Centenario (en construcción) (n.º7), Torre Hipotecaria (n.º8), Gazcue (n.º9), diseño asistido por computadora, CAD (n.º10), Ciudad Colonial (n.º11) y arquitectura hotelera en playas dominicanas (n.º12). Es importante destacar el espíritu crítico de los editores frente a la situación nacional de la época y sus incidencias en el ejercicio de la profesión. Vale la pena recordar el siguiente extracto del editorial publicado en la página 3 del número 4 (año 1, 1986):
Conocemos la calidad de estadista del actual presidente de la República y de los hombres que le acompañan en su gabinete, pero también somos conscientes de que para poder llevar a cabo el nuevo programa de gobierno es necesario la participación de todos los dominicanos; que desde su posición cada uno contribuya con la causa. Nosotros como editores de esta revista nos comprometemos a cumplir con nuestro objetivo principal de difundir la arquitectura nacional y convertirnos en voceros de las necesidades del país concernientes al tema que tratamos, así como también presentar los trabajos que se realicen o las soluciones que se adopten al respecto.
Como se observa, el espíritu de lucha por eliminar trabas que afectaban la participación equitativa de los arquitectos en proyectos de construcción refleja que el principal cliente del momento era el Gobierno dominicano. El sector privado, aunque presente, ofrecía menores oportunidades para un sólido ejercicio profesional. A fines de la década de 1990 se produjeron transformaciones políticas y económicas que generaron saltos importantes en el crecimiento económico del país, evidenciado en el crecimiento acelerado de las principales ciudades dominicanas y del sector inmobiliario privado. A partir de ese reencauzamiento de las políticas públicas, el capital no gubernamental ha incursionado cada vez más en proyectos de mayor alcance y en distintas áreas. Los proyectos turísticos, comerciales e industriales han sido cada vez más ambiciosos, con escalas y presupuestos nunca antes desarrollados en el país. En paralelo, la demografía ha sido fundamental para la oferta de edificios destinados a viviendas, desde proyectos de interés social hasta inmuebles multifamiliares con patrones de lujo que aspiran al primer mundo. El perfil urbano de la capital de la República, por ejemplo, refleja la dinámica constructiva y el surgimiento de nuevos sectores, donde se concentran las mayores inversiones inmobiliarias del país.
La sociedad dominicana, ahora más abierta y cosmopolita, muestra una etapa de consolidación del consumismo y la preferencia por nuevas formas de convivir, divertirse y relacionarse. La estabilidad política y económica facilita estos cambios en los rasgos de modernización de los dominicanos apoyados en la confianza en el actual clima de inversiones financieras e inmobiliarias. Santo Domingo ha pasado de una ciudad media a una metrópolis con grandes retos. Es la capital de mayor tamaño de la región y la de mayor concentración de edificios en altura del Caribe. En igual camino se encuentra Santiago, la cual muestra un dinamismo interesante en la última década, con una apuesta a nuevas áreas de inversión inmobiliaria y una conciencia regional. Otros territorios urbanos siguen rutas similares, con menor alcance, aunque con un sector inmobiliario de fuerte presencia.
Las regiones destinadas al turismo muestran un movimiento transformador de alto impacto. Además de los puntos tradicionales de auge turístico, han surgido otros con características particulares destinados al ocio y a las inversiones inmobiliarias relacionadas con ese sector. Además del desarrollo de proyectos en el litoral marítimo, también se observa un auge en destinos mediterráneos e intramontanos. Segundas residencias ocupan nuevas zonas de veraneo en paralelo al crecimiento de la densidad constructiva urbana.
Ante tal diversificación de tipos de proyectos y lugares que los acogen, la revista Arquitexto es un repositorio para observar esos cambios significativos que ha experimentado la República Dominicana en su historia reciente. De ahí su importancia como fuente de consulta para estudios especializados sobre los aspectos urbanos y arquitectónicos como evidencia del fenómeno del reciente crecimiento del país. Más allá de la información de actualidad que cada número presenta, se trata de un documento que narra —si se puede usar el término— la huella experimentada por la sociedad dominicana en casi medio siglo. Nada más tangible y evidente que recorrer ese proceso a través de la minuciosidad de un testimonio editorial que retrata el momento. Como documento de consulta, la revista es fundamental para comprender la realidad contemporánea del país.
II
Crecimiento y dinamismo son variables limitantes para la evaluación de un proceso continuo de transformaciones económicas, sociales y culturales en el país. Hay que atender otros aspectos que influyen en la calidad ambiental, el bienestar colectivo, la modificación de patrones, la conciencia urbana, la participación democrática, las garantías de seguridad, la integración social y la generación de riqueza individual y general. ¿Qué se ha ganado y perdido en ese modelo establecido?, ¿cuáles son las carencias y omisiones?, ¿cómo afrontar los retos con soluciones estructurales para promover un mejor entorno vivencial?, ¿cómo promover liderazgos comprometidos con la eliminación de los errores y la construcción de un futuro posible?, ¿nos ha superado el crecimiento económico ante la capacidad de preparación para responder a demandas más complejas de administración pública, rigores profesionales y responsabilidades colectivas?
En un país cuyo presupuesto nacional ha aumentado 900 por ciento de 1986 al presente (de 2,000 millones a 30,000 millones de dólares) y donde el ingreso per cápita pasó de 928 dólares a 10,900 dólares en el mismo período, el efecto en el territorio y en la arquitectura ha sido enorme. La densidad poblacional de la capital dominicana ha aumentado de 5,500 hab./km2 en 1986 a 9,000 en 2026, el sector construcción aporta el 9% del PIB, el índice de construcción ha aumentado de 3% a 6% cada año y el índice de costos directos de la construcción de vivienda (ICDV) de 2025 fue de 239.8, lo cual refleja un incremento altísimo desde 1986.
La proliferación de proyectos inmobiliarios responde a esos factores y de inmuebles de uno a cuatro niveles en promedio al momento de la publicación de la primera edición de Arquitexto ha promediado de cinco a veinticinco niveles en las zonas más densificadas, con una tendencia a duplicar esta escala en muy breve tiempo. Santo Domingo es la ciudad del Caribe insular que tiene el skyline más alto y la segunda, detrás de Panamá, si se incluye a América Central.
No todo es plausible. El resultado de la arquitectura ha sido mixto y controversial. Si bien existe un importante número de arquitectos de extraordinaria capacidad y creatividad, con propuestas encomiables y destacadas desde el punto de vista estético y funcional, predomina una arquitectura genérica y debatible vinculada a la maximización de la rentabilidad inmobiliaria excluyente de aspectos primordiales en el compromiso urbano. Como intento de señalar los retos que atraviesa gran parte de la arquitectura actual, observamos:
Crecimiento urbano acelerado sin planificación estética. El crecimiento demográfico y la expansión urbana han sido muy rápidos. La prioridad ha sido construir rápido y alojar demanda, no necesariamente diseñar mejores espacios. Cuando la planificación urbana se centra en cantidad y no en calidad visual y espacial, el resultado suele ser heterogéneo y poco coherente.
Predominio del criterio económico sobre el arquitectónico. Muchos proyectos inmobiliarios se desarrollan bajo la lógica de maximizar metros vendibles, reducir costos de materiales, construir en el menor tiempo posible. Esto lleva a propuestas anodinas, repetitivas y con poca inversión en diseño, proporciones o detalles arquitectónicos. Los materiales de calidad y sistemas constructivos limitan mucho las propuestas trascendentes.
Regulaciones limitadas o poco exigentes. En gran parte del país, la falta de regulaciones (alineación, alturas, materiales, colores, proporciones, integración al espacio público, etc.), hace que cada edificio se diseñe de forma independiente, con lo que se generan paisajes urbanos visualmente caóticos.
Autoconstrucción y modificaciones informales. Una gran cantidad de edificaciones crecen por ampliaciones sucesivas y violación de las normas establecidas: pisos agregados al proyecto original, balcones cerrados, cambios de ventanas o acabados y colores sin coherencia, etc. Se quiebra la unidad visual, incluso en edificios originalmente bien diseñados.
Cultura urbana poco orientada al diseño público. Históricamente, el valor del diseño arquitectónico y del espacio público no ha sido una prioridad social amplia. La inversión suele concentrarse en el interior de las viviendas o en la funcionalidad comercial, no en la calidad visual de las calles y fachadas.
Ausencia de una identidad arquitectónica contemporánea clara. Mientras algunos países han desarrollado estilos contemporáneos adaptados a su clima y cultura, en el país conviven imitaciones de estilos extranjeros, minimalismo económico y soluciones improvisadas. El resultado es una mezcla sin continuidad estética ni búsqueda conceptual.
Debilidades para comprender la responsabilidad sobre el territorio. Como autores de marca, los arquitectos se aislan en su propio trabajo sin vincularlo a un proceso de transformación de nuevas experiencias urbanas con garantías para mejores patrones de convivencia.
Por supuesto que ha habido buena práctica por manos de arquitectos que se han expresado a través de obras que enaltecen la profesión. En ellos hay un compromiso con el logro de proyectos integrales de vocación urbana y estética. De igual modo, se destaca la conciencia de proteger los referentes de nuestra arquitectura histórica, de diferentes épocas, a pesar de las amenazas que día a día se mantienen.
Tales aspectos han sido impulsados desde Arquitexto a lo largo de sus 130 ediciones, donde se puede constatar la evolución de la narrativa arquitectónica reciente. Más allá de la edición en formato impreso, Arquitexto ha contribuido en la formación de los arquitectos en las distintas escuelas de arquitectura y en el apoyo a seminarios, foros, talleres y publicaciones especiales. Hoy la revista cuenta con una plataforma digital como alternativa para alcanzar nuevos escenarios y servir de repositorio para la consulta permanente de profesionales, estudiantes e investigadores.
A través de una reflexión sobre la reciente huella arquitectónica se reconoce que una parte de la arquitectura dominicana muestra giros interesantes, con cierta búsqueda de novedad y atrevimientos estéticos. Una lectura secuencial de lo que ha sucedido con la arquitectura en ese ámbito ha quedado asentada en la memoria editorial de la revista. Eso fomenta voluntades de actuar con coherencia y ética. La arquitectura dominicana se lo merece. Y nuestras ciudades lo esperan.
JOSÉ ENRIQUE DELMONTE Arquitecto (UNPHU, 1985), doctor en lingüística y literatura, historiador, conservador del patrimonio cultural, ensayista y poeta dominicano. Como referente del pensamiento arquitectónico dominicano, Delmonte ha desarrollado una obra y una reflexión crítica que han influido en varias generaciones. Su práctica integra diseño, teoría y gestión pública, con un enfoque en la arquitectura como instrumento cultural y en su responsabilidad dentro del desarrollo urbano.


